viernes, 21 de diciembre de 2012

...saber que el tiempo no será jamás mi amigo: dos semanas para olvidar, por delante...





jueves, 6 de diciembre de 2012

Infancia

...coincidí un tramo con un niño que disfrutaba con un juguete que tenía un pito: no dejó de hacerlo sonar en todo el rato que lo vi...
...dejo aquí un monstruo, como creo que decía Rubén Darío en Luces de Bohemia...

Como un niño que durante horas
no agota el juego
de un ilimitado trozo de madera
ni piensa en el tiempo
ni en otra satisfacción.

Así eres tú, Myriam,
infinita.



domingo, 25 de noviembre de 2012

Arrepentimiento

Cuando era pequeña, con las tormentas más fuertes se solía ir la luz de mi casa, los inviernos, los otoños, cuando ya estaba oscuro a horas tempranas, por lo que era necesaria, la luz, y era pronto para acostarse, entonces, en esos días, solíamos mis padres, mi hermana y yo, con una vela, o a veces sin ella, en el salón o en la habitación de mis padres, hablar con más intención o profundidad que normalmente. Recuerdo una vez... hablamos del compromiso, probablemente por alguna necesidad de mi hermana, que siempre ha sido muy social. Mis padres, claro, hablaron de la necesidad de luchar por lo que uno quiere... De que no hay nada más apasionante que enfrentarse al mundo, a los grandes problemas de la sociedad o a los que son más locales; mucho más que leer una novela, ver una película, una serie, dijeron. Recuerdo a mi padre realmente interesado en las luchas de oriente medio o de los balcanes, entonces. Siempre le ha gustado mucho el mundo, a mi padre. Mi madre era de cosas más cercanas. Claro que es un placer bastante menos abarcable que el que puede haber en un libro, menos directo, decían... Estaba Gema tumbada en el sofá verde, mirando al techo, con los brazos debajo de la cabeza. Desde la ventana, detrás de Gema, pretendía entrar noviembre, tímidamente, en la habitación, aunque la calefacción se negaba con terquedad, ayudada por la poca amplitud de la ventana que había desde el otro sofá del salón, donde estaba sentado yo, mirando hacia Gema y la ventana. Al apagar la tele, Gema comenzó a quejarse de la poca profundidad de mis textos y mi escaso compromiso. Tienes razón, es algo que me cuesta bastante, el compromiso, dije. El único compromiso que realizo constantemente es el de mantener mi comportamiento en los límites que considero adecuados. Pero lo de intentar influir en el mundo... Recuerdo una vez, dije, en el metro, que dos viejas, al entrar en el vagón y no ver ningún sitio libre, comenzaron a reclamarle el asiento a un niño pakistaní de menos de cinco años que estaba con sus padres y su hermana, olvidando a las demás personas, algunos jóvenes de veinte años, algún adulto, que estaban también sentados, de una forma indirecta y cobarde, como dirigiéndose a todo el vagón y esperando la complicidad de los demás. Nadie dijo nada, a pesar de lo repulsivo que resultaba y de que todos estuvieran escuchándolas. Yo tampoco dije nada. Las tenía justo delante, a las viejas, pero no dije nada. Pensé de todo, pero no dije nada. Nunca hago nada. Me quedé callado un momento. Gema miraba al techo. El problema no es, diría, el hecho de que cualquier opción es realmente errónea, que es lo que me paraliza, o que siempre pueda haber algunas razones en contra, el problema es que la vida no es teórica, teoricé, sino que siempre tienes que escoger una opción, aunque sea la cobarde de no hacer nada... Recuerdo una canción que decía algo así como que ahora se considera altruistas a los cobardes... Pero hay veces, pienso, que a una lucha lo que menos le conviene es un idiota que no sepa luchar. Ahí estoy yo, por supuesto, con mis dudas, y mi incapacidad para el conocimiento absoluto (lo que los demás creen que es eso) y mi habitual torpeza en los actos. Hay que tener la capacidad adecuada. Mis compromisos son menores, pero son lo que puedo sacar adelante, dije. Excepto aquella vez, y probablemente alguna otra más, dijo Gema girando la cabeza hacia mí. Hay bastantes cosas que sí  podría hacer y no hago, también, dije.

Se incorporó, Gema, bruscamente, y fue a la cocina, de la que regresó con un vaso lleno de agua para volver otra vez al sofá. Se parece a Inés, Gema, pensé. Te escudas en tus justificadas razones, dijo. Como con Myriam, que hace más de cinco años que la conoces, que te gusta desde la primera vez que la viste, y que ahora, por no sé qué cambio que no te logras explicar, un nuevo erotismo recatado que antes no mostraba, como si hubiese descubierto esa capacidad no hace mucho, o algo así, dices, por alguna razón que sería mejor que no inventase, no haces más que pensar en ella, y lo más probable es que ella ni siquiera haya imaginado esa posibilidad ni un momento, a pesar de verla todos los días, de estar cerca de ellas varias horas al día. Le gustaba picarme con Myriam, a Gema. Aunque no estás acostumbrado al éxito, sigues temiendo al fracaso demasiado. Hay que perder, dijo, Gema. Hay que tener la voluntad de fracasar para avanzar. Y alguna supuesta mejora quedará por ahí.

Mañana nos damos una vuelta, a ver cómo están las cosas, dijo. Y observamos, al menos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Noche calurosa

Lo comentamos por la noche:
no era para hacer los días largos,
tampoco para ocultar ningún error;

ni el tiempo que acumulamos
por inventar otras razones abrazados al calor
de aquel insomnio que compartíamos,

apenas juntos por la voz después de los abrazos,
cuando logramos alcanzar el suelo
y tu cuerpo o alma era el mío

o una isla sin desiertos abrazada al mar;
no fue por eso, no, que compartimos la dificultad
y el ruido de ventanas abiertas.

No, no quiero que te vayas,
no quiero que aquí, donde sólo cabe uno,
no estemos dos;
ni quiero perder la profundidad de tu cuerpo,
ni el sueño sencillo de una piel con que taparme.

...lo escribí en verano, como preparación a un texto que al final no escribí, y me olvidé de él. Hoy lo he vuelto a ver y no me ha parecido tan malo como entonces...

martes, 30 de octubre de 2012

Desencanto

Dejó la maleta junto a la pared, Gema, y nos sentamos en el banco. Quince minutos, dijo. Hay tiempo para descansar. Cruzó las piernas y miró a un lado y otro del andén, que aún permanecía vacío. Se había dejado el pelo algo más largo de lo habitual, pero sus ojos, que recorrían ahora, junto a la primera persona que apareció, una parte del andén, aún verdes, despuntaban con la misma intensidad. Me gustas así, con ese pelo, le dije, después de un rato, cuando la otra persona del andén eligió sentarse en otro de los bancos, pero te queda mejor corto. Una semana, pensé. Por delante. Deberías haber ido a la cena, dijo, no era necesario que me acompañaras. Por una vez, ahora que estás tan cómodo con ellos. Quizá Myriam decidió ir al final y podrías haber pasado al menos un rato con ella. Desencantándote, dijo, trabándose un poco, Gema, con cierta ilusión. Hubiera sido una oportunidad, claro. La única vez que nos hemos visto fuera de la universidad, en el viaje aquel a Juzbado, tuvimos una conversación más allá de tres o cuatro frases, bastantes minutos, con su habitual dulzura... Todo sobre mí... Pero no, no creo que hubiera dado para un desencanto hoy... No me hacía mucho caso, Gema, que miraba a los que, poco a poco, iban llenando el andén. Diez minutos, dijo. Entraron cinco jóvenes al otro andén, entusiastas, llamativas por las voces, las risas excesivas, enclaustradas en sus intentos de hermosura, más o menos conseguidos. Ninguna con el pelo rizado, ninguna con los labios adecuados o violencia recatada en la hermosura, pensé. Cómo destroza el entusiasmo innecesario a todo lo que toca, dijo Gema, mirándolas. La rubia no está mal, seguro que te gusta... Es perfecta con sus engaños, la verdad... Sonrió un poco, Gema. Me he dado cuenta, dijo, que cada vez que intento plantear alguna certidumbre, voy desarrollando, a la vez, inevitablemente, para mí, la certidumbre contraria. Me hace gracia... cuesta llegar a alguna conclusión útil, de esa manera. No es que me gusten las certezas, no soporto a la gente con certezas, pero cuesta alcanzar una conclusión de esta manera, dijo. Quedaban aún cinco minutos. Gema, cansada, se acercó la maleta, sobre la que apoyó los brazos y la cabeza, volviendo los ojos, cerrados, hacia mi. Cuando llegue el tren, esperará hasta que entren todos para  levantarse y entrar tranquilamente, y se colocará en cualquier sitio cercano con espacio suficiente, y yo iré detrás de ella, a su lado, un poco detrás, sin que me haga caso, pensé, cansado también, incapaz de otra cosa, mirando por fin, después de demasiadas semanas, cómo anda, sus vaqueros, sus zapatillas, aunque tiene razón y no debería haber venido, quedarme allí, ir allí, al menos, creando otras posibilidades. Parecía dormida. No le importó el ruido del tren al entrar en el andén.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Intimidad

...habrá que mencionar a Valente, de nuevo, por si acaso...

Qué tierna dejadez en el gesto
o qué salvaje belleza
de los labios tras el grito;
acaso los movimientos del aire,
alguna repetición indecisa
o la intemperie ante unos ojos
imprevistos;
o provocar las palabras necesarias
y abandonarse a la sencillez del delirio,
gata despreocupada en un rincón.

O regresar al temblor,
a la terca inquietud del espejo,
y calcular las caricias
y el futuro hablado
compartiendo cercanías,
y descubrir que no soy yo,
que no estoy allí,
aceptado y necesario,
sino en este rincón,
ovillo sin colores.

jueves, 18 de octubre de 2012

Conversación improbable



He estado allí
y la luz que describiste apenas se mostró,
llevándome a un estado de alerta irremediable,
para encontrarte, atento a su aparición,
la de la luz, que me descubriría
lo que me ocultas:
aquello que dices que eres tú,
lo que aparecería las horas que pasásemos juntos:
las mañanas libres, las noches oscuras,
las conversaciones cayendo en la tarde,
los momentos de mala hostia en que preferirías que no estuviese
o las llamadas necesarias para avanzar.

Fue un juego, dijiste,
búscame allí, ahí estoy yo,
no necesitas nada más,
lo demás no te valdrá para comprender
lo que puede ocurrir
a mi lado.
Dijiste.
Sólo te valdrá eso para quererme.
Mis labios te engañan,
aún no encierran el mundo,
confundes mi piel con la felicidad,
mis pechos contenidos, inocentes, sin malicia ni mentiras,
no son la solución definitiva que te falta,
el sedante de algún abismo que comienza en mis brazos,
mi ternura y simpatía funcionan como ríos
o como un gato hambriento.
Piensas que mi conversación,
que mis gestos,
que mi personalidad...

Y dije que el tiempo...
que podría encontrar algo allí,
disfrutando de una engañada espera
que no me gustaría terminar.

No estemos todavía,
me mirabas otra vez
revocando las dudas que buscabas crearme,
provocando inútilmente el mundo,
es la única forma que acepto,
lo único que puede valerme,
donde encuentre yo
lo que necesito.

Fue un juego, dices ahora,
cuando tus manos me muestran el mundo
y tocan lo mismo que mis manos
y tus labios me encierran
y las horas y las palabras
y los sueños
están
todavía
por venir.

miércoles, 17 de octubre de 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

Myriam

...perdonen el sentimentalismo, me apetecía intentar algo así. Por otro lado, no estoy seguro que ustedes lo lean como yo lo escucho, tengo la impresión de que no está bien indicado el ritmo, que no sabrían leerlo (normalmente no tengo esa impresión)...

Sólo la volveré a tocar con tus manos. 

Tu desnudez contenida
los días que sólo puedo mirar
encerrado por tu pasado
o por los años lentos de la invención,
incapaz de descubrir y romper,
la belleza o herida de tus labios
cuando juegas con ellos
indiferente a mi evidencia
y la suave rebeldía
de un verano tardío;

disfrutaré tu voz, 
las coincidencias,
las miradas esquivas,
sin ser suficiente:
no quiero expresión
sin tus manos
reclamando cada nota
o esperando otro gesto.

Descubrirme solo,
para oír tu cuerpo.
Descubrir acaso 
que no hubo conocimiento posible
mirándome en un espejo,
necesitando otros ojos:
sólo con tus mismas manos
crearía el mundo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El río no lleva botellas vacías, papeles de bocadillos,
pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas
ni otros testimonios de noche de verano.
T.S. Eliot




Tampoco era recibir otra experiencia
demasiado tardía
precipitada por tanta espera a la sombra de la rapidez de otros
que ahora
aun en la misma cama
caerse sobre la suciedad derretida
tocando un fondo demasiado escurridizo
o descubrir que fue la única forma que pudiste elegir
ante tanto susurro absurdo
sobre un papel de líneas sin figura
de mujer sin fondo plateada
firme inevitable
repitiéndose aislada
en la misma cama vacía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

viernes, 10 de agosto de 2012

Mareo

Volví junto a Gema, que estaba sentada con las piernas abiertas y arqueadas y movía una piedra contra la arena. ¿Qué quería? Has estado mucho tiempo hablando con ella, dijo. No había querido venir conmigo, Gema, que prefirió quedarse en la arena, por lo que fuí solo a bañarme. El agua estaba algo fría y con algunas medusas, la gente, los niños con postura de caza se entretenían sacándolas, pero estaba cristalina, el agua, y podías verlas perfectamente, por lo que podrías haberte bañado sin problemas, no había tampoco muchas, mirando de vez en cuando alrededor. Me miró, Gema, esperando la respuesta. Me avisó de una medusa que estaba entre ambos, dije. Estaba agazapada, dijo, y se acerca a ti. Va a por ti, te ha echado el ojo, dijo sonriendo mientras trazaba una trayectoria circular con centro en la medusa, acercándose a mí. Luego nos adentramos, alejándonos de la medusa, un poco más. Me dijo que podríamos permanecer juntos para protegernos. Ella tampoco se había metido aún, el agua sólo nos llegaba a la cintura, y pensé que sería buena idea, le dije que sí, claro, y por eso hemos estado juntos todo el rato. Una vez dentro se estaba bien, Gema. Me senté a su lado, desplazándola un poco. Después de algunos comentarios vacíos, nos metimos en el agua;  ella, vertical, surgió con el pelo pegado a la cabeza, casi sin rizos, mostrando sólo la cabeza y sus manos que recorrían su pelo: su cuerpo quedó sumergido, visible y deformado. Me gusta cómo está el agua. Cuando está así, tan tranquila, me encanta estarme quieta, flotando, sin apoyarme en la arena, apenas moviendo un poco los brazos para mantenerme sumergida, salvo la cabeza, dejándome llevar por este balanceo leve, que, sin embargo, siento que es el empuje de todo el agua de los océanos: de ese mar que se estrella violento contra las rocas o de las aguas cálidas que rodean una pequeña isla... Como si fuese una medusa, dijo. Me encanta esa sensación. Nos quedamos los dos en esa postura. Se está bien, pensé. Gema continuaba moviendo tercamente la piedra. Me dijo que es publicista, que suele veranear aquí, aunque es el primer verano que lo hace en esta playa. La verdad es que siempre me ha gustado buscar esas sensaciones perfectas, dijo, lo que quizá, sobre todo de pequeña cuando creía más en ellas, me llevó a ser publicista: esa búsqueda de sensaciones sin manchas, suelo pensar. Escenas familiares entrañables, productos milagrosos... Todo esa mierda, dijo. De vez en cuando volvía, ella, la cabeza hacia mí; con una pequeña sonrisa, siempre. Aún creo en ellas, las busco, aunque sepa, incluso, que no me gustan, que no es lo que disfruto. Como si borraran la humanidad, realmente... Como las canciones comerciales, dijo, que se graban sin que se oiga la respiración del cantante, suavizando su pronunciación, con guitarras en las que no se oye el deslizamiento de las manos por los trastes... Ahora prefiero, antes no, claro, notar que hay un humano grabando el disco, perdiendo el aliento, golpeando las baterías, destrozándose mínimamente los dedos con las cuerdas. Se tumbó en el agua un momento. No es que lo prefiera... ni es algo que busque en lo que escucho, pero es algo que me gusta, dijo. Y bueno, tampoco mucho más, dije, sólo para no estar callados, que si vaya mala suerte con las medusas, que si no ha hecho mucho calor por aquí... La gente suele creer que hablar es necesario, dijo Gema, tumbándose en la toalla. Siempre he querido lo común, dijo. Pienso ahora que me encantaría haber sido realmente diferente; quiero decir, pensar en cosas como la muerte de forma diferente a como lo hace todo el mundo. Yo que sé... no tenerle miedo sino alguna otra clase de sentimiento y notar que eso me influye, disfrutar de esa capacidad. Caminar por ahí sintiendo que mi mundo lo creo yo, y que es realmente diferente al de los demás. Ya sé que es una estupidez, una tontería que nace un poco del equívoco en mi compresión de los demás, supongo. Pero no, dijo, yo de pequeña quería tener una familia perfecta, un marido guapo, un buen trabajo y una casa bonita con un perro. En la publicidad, dijo, y en el arte también, imagino, debe haber siempre una parte en la que la gente se reconozca y otra en la que se le descubra algo nuevo. Yo soy más de lo común que de la innovación, dijo. Nadó un poco por donde no había medusas y regresó junto a mí. Me gustan las medusas, dijo, no puedo evitarlo... Tan aparentemente inofensivas... llevadas por la corriente, como tontas... con su cuerpecito transparente y sus colores. Éstas de aquí supuestamente brillan un poco, las pelagia noctiluca. Señaló a una que se acercaba, sibilinamente, hacia mí, otra más, dijo, y decidimos salirnos para evitar nuevos encuentros. Ha estado bien el baño, dijo al acercarnos a la orilla. Hemos hecho una buena vigilancia... Regresó a su toalla, ella, con un saludo suave. Gema, que estaba enfrente, se quedó mirándola.

He estado pensando, mientras perdías el tiempo escuchándola, en lo que escribiste sobre la compresión en el texto de la ducha, en la parte esa algo fallida, dijo. Pienso en lo de David: cómo coño vamos a comprender lo que pasó durante todo ese año o lo que siente ahora... o lo que ha cambiado. Lo único que podemos hacer es tratar de ponerle unas palabras que puedan designar todo eso, palabras que sean quizá las mismas que él utilice, que coinciden, pero nada más... Acaso encasquetar algún sentimiento similar para acercarnos... No hay comprensión posible, dijo. Miraba, Gema, que se había sentado, a unos niños que se proponían hacer un esfinge de arena. ¿Andamos un poco?, dijo. 

martes, 5 de junio de 2012

Recuerdo

...creo que lo voy a dejar con las imperfecciones que le quedan...

Abrió el grifo, Gema, y comenzó a ducharse. ¿De verdad que no quieres venirte?, me preguntó. Cerró el grifo y se echó el champú en el pelo, levantando la cabeza hacia atrás. A veces pienso en mis gestos, dijo. Siempre he sido algo teatral... hay cierto juego en los gestos que hago, en mis movimientos... a veces, en algunos... Otros son naturales, inevitables en mí, claro. Abrió el grifo un momento y jugó con el jabón en su cuerpo. Yo esperaba sentando, apoyado en una pared, memorizando sus gestos. Me gustan. Pero pienso que no quedarán en el recuerdo de nadie... que los que me ven no son capaces de apreciarlos... de advertirlos. Sonrió, advertí, entre el vapor. Abrió el grifo de nuevo. Caía el agua constante, recorriendo su cuerpo y descubriendo su piel tapada de espuma. Cerraba los ojos, Gema, y se acariciaba suavemente, casi sin roce, la piel humedecida y el pelo mojado. Como si yo les diese un valor que no tienen, dijo al cerrar el grifo. Se le quedó la piel llena de gotitas. Le pasé la toalla, verde. Se secó el pelo y atacó a las gotitas con dulzura. No las mates aún. A las gotitas. Sin hacerme caso se enrolló en la toalla, dejándome sólo sus piernas y sus brazos, sus pechos apretados en la toalla y el contraste con sus ojos y su pelo mojado. O mi voz... Me gusta mi voz, pero siempre tengo la impresión de que nadie la recordará, que nadie pensará en ella ni en mi forma de decir las frases. Me dió un abrazo, aún húmeda y enrollada. No has matado a todas, le dije. Caen nuevas del pelo. Cogió otra toalla, para el pelo. Mis amigos... aquellos con los que no he mantenido el contacto... cuando hablo con ellos después de años sin vernos... no sé muy bien que es lo que veían de mí, lo que recuerdan en el reencuentro...

Fuimos a la habitación y se sentó en la cama. Me seco el pelo, me visto y salimos, dijo. No me gusta que queden así... tan innecesarios. Volvió al baño y encendió el secador. Yo me quedé en la cama, tumbado, y recreé sus gestos y sus juegos teatrales. Pensé que creía que sus gestos la definían como persona, que eran tan importantes como sus decisiones o sus palabras para conocerla. Tomamos una decisión y creemos que eso nos define, nos muestra, divagué. Pero luego vienen las interpretaciones erróneas, y cambiamos y nos cansan nuestras decisiones, ajenas a nosotros, y tenemos que cargar con ellas. Decimos algo y luego nos echan en cara siempre que pueden nuestra idea, que sólo fue un intento de idea, un mínimo intento de perfilarnos. Se creen que somos, cuando sólo actuamos. Ante una situación elegimos hacer algo, una de las posibles actuaciones, que puede tener cierta afinidad con otras de nuestras actuaciones anteriores, lo que permite la predicción, quizá, pero eso no significa nada. No significa nada. Sólo acotaciones. No se puede comprender a los demás, sólo situarlos en unos límites. Pensaba eso, mientras el ruido del secador, más certero, le calentaba la cabeza a Gema.

Ya está, me dijo cuando regresó. Se acercó a la maleta y cogió la ropa. Cinco minutos. Me tiró la toalla a la cabeza y comenzó a vestirse. ¿De verdad que no quieres venirte?, me repitió. Estoy segura de que lo pasarías bien. 



lunes, 28 de mayo de 2012

Desencuentro

...antes de Praga...
...Samuel Beckett, por ahí...

No confío en la gente que hace cosas: que está siempre haciendo algo, quiero decir. Más que intensidad o una forma de aprovechar la jodida existencia, lo que yo veo es temor, una forma de engañarse, de utilizar agujeros para tapar el vacío, pienso, a veces, Gema, me dijo mientras, rodeados de gente, subíamos por una calle buscando algún sitio para cenar, la mirada hacia el suelo, Rubén, cohibido por mis ojos verdes, aunque mintiese al buscarlos, y suficientemente cerca para algún choque y para poder escuchar su voz tímida. Ayer fui a una conferencia, hoy tengo nosequépoyas, no se si entiendes lo que quiero decirte.

Terminamos eligiendo una calle inclinada, donde vimos algunas mesas vacías. Me gusta este sitio, dijo mientras nos sentábamos. Tampoco confío en la gente que es incapaz de estar sola, insistió, completamente sola, con cierta frecuencia. Siempre he creído que es algo necesario. Ahora la gente quizá pase bastante tiempo físicamente sola, pero están con sus teléfonos o sus portátiles... No sirve... Salen a la calle y no miran o salen a la calle y no escuchan. Sonreía en cada pausa, como si no creyera en lo que decía, Rubén. Y luego se acuestan y se ponen a contar ovejitas cuando no pueden dormir... Yo me pongo a pensar, a repetir o mejorar conversaciones que tuve, a inventarme historias... Con Patricia, dije... De todo, me cuento de todo;  me encanta recrearte, por ejemplo. Siempre he considerado que mis mejores conversaciones las tengo cuando soy incapaz de dormir, mientras doy vueltas por la cama. Hablaba como a pedradas, variando la velocidad durante la frase. Tuve un compañero de piso que siempre se llevaba un libro o una revista cuando iba a cagar, continuó. Hay una excesiva necesidad de tener la mente distraída, dijo. Se acariciaba el rostro, Rubén, la barba, mientras hablaba. Las conversaciones están bien, eso no se pierde. La verdad es que no se de qué gente estoy hablando. Yo no concozco a la gente.

Llegó el camarero para llenar la mesa con las bebidas y los primeros platos, berenjenas con miel y aros de cebolla con varias salsas, que habíamos pedido, y comenzamos a comer, alabando los platos y olvidando la conversación.

En la de al lado, una pareja hablaba de un viaje a unos amigos. Míralos, dije, hablan de sus vidas. No les basta con vivir. Tienen, además, que hablar de ello. Es bonito. Ríen. Levantaba más los ojos que la cabeza, Rubén, al mirarme. No lo saben, dijo. Hacen las cosas sólo para tener anécdotas que contar. Alguna vez escuché a un amigo que justificaba sus gilipolleces (colarse en alguna feria gastronómica o cosas así) con la posibilidad de contarlas a sus hijos. Que lo contrario sería muy aburrido, decía. Me robó la última berenjena, Rubén. Sonrió.

martes, 22 de mayo de 2012

Recreo


Poeta,
que te llenas la boca de palabras,
masticándolas a duras penas
con el rostro desencajado,
que incapaz de tragarlas las pones en el plato,
ya sin sustancia,
sin significado,
sin valor,
sin preocuparte de tu amada
de labios tristemente humedecidos
y piernas firmes sin meta que caminan
y pechos suaves que no tiemblan
y un sueño en la piel limitada
y una historia sencilla por contar,
Poeta,
que te quedas solo frente a tu plato lleno y su plato vacío,
admirando las palabras que escupiste,
removiéndolas insistente con un tenedor,
las palabras van después,
si acaso,
capullo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Desánimo


He dejado de tocar la guitarra, Gema, le dije cuando me llamó. Para siempre, digo. Unas semanas, al menos. Las que llevábamos sin hablar, pensé. Me estuvo contando su adaptación a Praga: las calles, el piso que había alquilado, la gente con la que se cruzaba a diario, los amigos que había hecho. No sé, pero siempre que cambio de ciudad le tomo cariño a la gente con la que me cruzo habitualmente las primeras semanas, dijo. Me gustaba imaginármela en Praga descubriendo sola las calles, cruzando puentes sobre el río, mirando insolente a las personas, entrando en tabernas oscuras. La imaginé ahora frente a una ventana abierta, sentada en una silla, acariciándose las piernas con la mano libre. Me preguntó por Patricia, si pensaba enviarle el poema. Me gustaría saber qué piensa: debe ser divertida su reacción; ya lo dices tú con lo del asombro. Empezó a reírse de mí con su risa limpia, Gema. Tú eres más de tocar la guitarra que de afrontar situaciones, me dijo. Ya te veo. ¿No le habrás puesto música? No, le dije. He dejado de tocar la guitarra, Gema. Se reía.  Por la espalda, le expliqué. 

viernes, 18 de mayo de 2012

La duda, décima

...evidentemente forzada por la rima...

Yo me he encontrado la duda
mirando por donde fue
y no fue porque lloré
que caí en la noche oscura
sino que hallé sepultura
herido por lo soñado
por haberme imaginado
que podía yo soñar
con mecerme en su mar
y no caer derrotado.

martes, 15 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Carta

Yo pensaba escribir una carta de amor en prosa en la que teorizara con grandilocuencia y estupidez acerca del pensamiento de T.S. Eliot, pero como soy una persona bastante limitada, escribo lo que puedo, me está saliendo esto. Sinceramente, la verdad. 

Patricia:

Patricia, ya queda poco y es tarde para esperar,
no podremos contar apenas tiempo
y nos hemos conocido bastante
sin estar nunca en una habitación de la que se burla el sol
convocando todo aquello que nos hizo tímidos
para olvidar que fue suficiente o lo único,
la única forma posible de atrapar o de herir
e inventar que hubo horas que ya no quedan
ni sabremos contar concentrados en otras calles
repletas, en aulas repletas que impiden el conocimiento,
y noches sencillas bordeando las aceras
o alejadas mañanas de invierno arañando nuevos climas.

No ha sido suficiente, fue suficiente.
Por una vez tengo que usar palabras para hablar contigo.

Todo en ti fue desierto: tus asombrosas piernas de keniata,
tu piel de tierra quemada, tus ojos negros sin compasión,
las rocas que te rodeaban, la sequedad de tus palabras susurradas,
o las conversaciones que tuvimos cada día
extendidas en la superficie de la arena.
Árida, toda tu superficie fue de arena.

Pero había más: no sólo roca, sino agua,
caminos arenosos, superficie de arena, pero también había agua,
no un desierto vacío, sino juegos, y oculta,
a veces lluvia, suave, el agua,
y había una tibia dulzura
y un reconocimiento esbozado,
un afecto infantil para un niño que no alcanza,
y las manzanas que comimos
y los abrazos (me imaginaba la violencia de tus abrazos),
no sólo charcos pero oculta ni estéril
sólo en apariencia inaccesible.

Patricia, yo pensaba eso y tú me mirabas como si nunca te hubiesen mirado,
como si eso fuese posible,
tratándome, pensaba, como no tratabas a nadie.
¿Comprendiste la fascinación o inventabas otras posibilidades?
Nos hemos conocido, es cierto, pero cuántos errores nos habremos creído.

Con qué amor no te he querido nunca,
con qué ansiedad no te he esperado
sentado en sillas o escalones equivocados,
con qué deseo no te he llegado nunca a desear,
con qué curiosidad he querido saberlo todo, Patricia,
y sin embargo, joder, te estoy escribiendo ahora
justificándome o explicándome
o buscando una última prueba de aprecio o interés,
para comprobar no sé qué valor propio,
o para que vuelvas a pensar en mí con cierto asombro,
y reciba otro gesto o no se acabe aún,
no cierres,
no cierre lo poco presente, las huellas o las gotas,
cercano a ese calor o aire que no quise o pude,
cuando ya no sean posibles las coincidencias.

(Yo no sé lo que es el amor o la amistad, diría).

Patricia, sé que nos despediremos como siempre
y nos volveremos a ver alguna vez y será como siempre
y vivirás y yo quizá te recuerde a veces,
qué estará haciendo mi dulce y árida Patri,
y continúe con lo mío,
y tú quizás no tengas tiempo,
pero podrás reconocerme, ah tú,
y será suficiente, de nuevo.
Eres inevitablemente trascendental,
caigo en la trampa.

Nada más,
necesitaba esta despedida,
este cambio.

Abrazos,
Rd.

Madrid
15/05/2012

http://rdmmu.blogspot.com.es/2011/09/de-un-saludocuarta-prueba.html

domingo, 6 de mayo de 2012

La belleza o la herida

...el insulso poema del que hablé...


La belleza o la herida




Golpeado con una sonrisa amable y tierna
y un rostro plácido que acepta nuestros minutos.

De la voz oigo más que palabras
y un desierto limpio donde cae la lluvia,
ahogado abril de tanto tiempo sin estar sentado.

No quiero ir más allá: no me atrevo a mostrar la herida.
Voy por donde me lleva, separados, 
tan lejos de la piel y en la superficie.

No quiero ir más allá, ni muero,
ni muestro mis ojos o sus labios atentos,
o pienso en los días que repite, 
en la hierba que no besó sus brazos,
sus manos apoyadas en la mesa o mar,
la piel limpia por siglos de obediencia.

Sin embargo estamos los dos: no hay dios, ni él,
y corren desinteresados los últimos años
buscando una sombra donde caer.

martes, 1 de mayo de 2012

Diría

...un comentario que dejé por ahí...

Diría, casi como si se tratara de una sombra, se queda en la superficie, tan sólo fachada, sin concentración, sin esfuerzo, no hay construcción, no hay estructura, una verborrea, un vómito, y no merece la pena leerse, ni siquiera intenta hacerlo bien, como si meara, esa mujer, la belleza o la herida, con los labios rojos, por primera vez, los labios como espadas, y se queda hablando sobre sus tacones con una muchacha que fuma como si no hubiera cumplido veinte años, y muestra unas piernas ensordecedoras, de saltar a la comba, me dijo, quería llevarse bien conmigo pero me dijo que mi peinado era horrible, confuso, que no dejaba captar mi historia, ni mis ojos abiertos, es una pena, dije, su crítica, la confusión de mi peinado, mis ojos azules tapados por una bola negra, además probaba mi mirada de burla, aunque era bastante mayor que yo, veinte años mayor que yo, con una experiencia de la hostia, cientos de horas sobre sus piernas que yo aún tendría que igualar, pero la otra era una niña, claro, jugaba con sus veinte con un bonito escote y unas engañosas medias negras, le dije, si me la hiciese otra persona quizá me ayudara, sabía que no olvidaba lo que le dije, diría, quizá me replanteara, revisara, diría, pero yo fui consciente, era mi elección, yo quería elegir eso, y jugaba con la ambigüedad, que sea difícil, joder, y fracasar, hay que fracasar, y perder, nos gusta perder, en la puerta y con la noche, todos sus intentos pierden valor, al menos para mí, porque me suenan heridos, intente que no suenen así y me dolerán más, y la joven sonreía expulsando el humo, aún terriblemente tierna, o me ayudararán y mejorarán, si es lo que usted quiere, ponga usted algún punto, joven, que habla muy atropellada, con ese peinado cómo quiere que le tome en serio, me pregunté, me miro en el espejo, la puerta me vale, y veo que está dentro de lo que buscaba, es más o menos lo que buscaba, me reviso a ver si tiene razón, estaré haciendo lo que no pretendo, quizá, me digo, le daré una oportunidad a sus sugerencias, como una sombra pienso, por la sombra, se va algo indignada por mi absorta presencia, contenta porque cree que ha servido para algo, y la joven la sigue, como un patito con sus tacones, y yo me miro en el espejo, la puerta me vale, una vez más, y sí, acepto, me tapa los ojos, pero no es negativo, no es negativo, que sólo lo vea María Iribarne, da igual, es lo que yo quería.

domingo, 29 de abril de 2012

Tras el último no va nadie

Iba a poner un poema que escribí para Myriam (La belleza o la herida), pero no logra convencerme: yo quería que tuviera una evidente influencia de Aleixandre y me ha salido muy narrativo (casi descripción real de la escena, con algunas partes líricas bastantes sobrantes y carentes de significado). Curiosamente, cantando hoy por casualidad, por simple gusto o por alguna asociación de ideas, al pensar en Aleixandre quizá, un soneto de Gerardo Diego al que le puse un par de acordes, más o menos, hace unos años, me he dado cuenta que este soneto describe bastante perfectamente, aunque quizá haya una clara diferencia importante, otro momento de aquel día en que le dió por hacerme preguntas, a Myriam -en esta ocasión, este último momento, digo, callada.

Para no abandonarme demasiado pondré en su lugar una crítica conjunta a dos animados discos.

Tras el último no va nadie, pensé, dolido, al salir, y decidí escuchar el disco mientras regresaba al piso andando, ya que llevaba el mp3 aquel día en la mochila en contra de mis costumbres (nunca escucho música por la calle).

miércoles, 18 de abril de 2012



De vez en cuando busco a Carlos Barral (por lo olvidado que está como poeta) en Twitter y siempre salen esto versos (nuevas, diferentes, menciones a estos versos), que apunté, hace algunos años, debajo de un poema suyo -Incidente corporal- que copié en una libreta la primera vez que lo leí:

...el miedo tan extraño,
decrépito, infantil,
                           peor que lo temido.

(...mientras llega el siguiente, me justifico...)

lunes, 16 de abril de 2012



Ahora me entero que esta tía: http://rdmmu.blogspot.com.es/2010/06/lo-de-mas.html es una famosa modelo (en Alemania, al menos). La esposa de Schweinsteiger.

domingo, 8 de abril de 2012

Valoraciones (ocurrencia)

Porcia: ¡Cuántas cosas deben su verdadera perfección y sus alabanzas legítimas a la oportunidad de las circunstancias!

Información irrelevante:
Cruce de calles. Calle principal: un parque con olivos a un lado y un hotel rosado al otro; una parada de autobuses; pocos coches circulando: los pocos aparcamientos, del lado del parque, llenos; un paso de peatones por donde cruza una veinteañera. Calle que desemboca en la principal: se ven dos jóvenes caminando. Sol, cielo azul, buena temperatura. Se ven también un par de viejos y un perro. En el parque: niños jugando en unos columpios, una barca, botijos gigantes. El mar al fondo. Palmeras. Eucaliptos. Balcones del hotel con algunos ingleses blancos o rosados, como el hotel. Las cinco de la tarde.

-Oh! ¡Bendito sea el dios que nos hizo tan estúpidos y nos dio la capacidad de disfrutar del placer de apreciar la arbitrariedad de las formas!
-¿Qué coño dices, Juan?
-¿Es que acaso no estás viendo esa adorable forma llena de tan innumerables atributos que sería incapaz de enumerarlos sin perder la fuerza de la voz, y aún del ánimo?
-¿Cómo?
-Joder, mira la muchacha que camina por aquella acera.
-¡Joder! ¡Vaya, vaya! ¡Cómo le quedan esos pantalones de tela!¡Vaya perfección, macho!¡Y tú preocupándote de la arbitrariedad de nuestros placeres!
-No, tío, yo disfrutaba de esa arbitrariedad.
-Cierto, pero reflexionabas sobre ella: no la dejabas adueñarse de ti.
-Bueno, hay tiempo para todo.
-Ya se va...
-Se oculta detrás de esos edificios tan poco conmovedores: nos deja tan sólo su recuerdo, tan magnífico a la vez que insuficiente; tan dulce como doloroso; tan metafísico como animal; tan tenue como intenso; tan reparador como destructivo. Oh, circunstancias, que jugáis conmigo...
-Qué buen gusto tenía: qué acertada esa tela: mostrando la frescura de sus formas, libres al movimiento, al ligero temblor... Difícil de olvidar, la chica, la verdad. 
-..que me dejáis desamparado entre el placer de haberla mirado y poder alabarla...
-Hay que agradecérselo, cierto.
-...y el dolor de perderla. Oh!, cuánto daría por permanecer para siempre en ese momento.
-No es malo tu pensamiento, Juan, si quisieras sufrir como Tántalo.
-Ah! tiempo, que nos obligas a amar al pasado, apreciar el presente, para poder valorar el futuro, y sin embargo nos los robas constantemente. Oye, ¿cómo está la nevera de tu casa?
-Bien, adecuadamente llena.
-Perfecto. Podemos esperar allí, mientras.
-Sin arrepentimiento, Juan, que te conozco.

domingo, 25 de marzo de 2012

miércoles, 21 de marzo de 2012

Reflexión

El sexo es una forma anticuada de poesía.

Estaba sentado en la calle, esperando.
No hacía frío, y eso se notaba.
Practicaba mi mirada insolente:
los transeúntes, los demás, no supieron nada.

Intentaba olvidar el arrepentimiento de los actos estúpidos.

Me dijo que el sexo era una roca:
que me engañaba: yo siempre hablaba de humedad,
de bebidas, de mares, de lava
(repetía lo leído).

(Descubrí la masturbación,
como otros descubrieron el fuego o América,
una noche de agua
e inventiva, brillante,
recreando futuros deseados).

El sexo no es la tormenta que imaginaste.
Es un desierto. Sólo fue un desierto.

Oías los tambores apagados, el ritmo.
Luego entraban las voces,
los primeros sonidos.
Y además el alba, siempre el alba,
preferías el alba, ansias del alba,
aquellos días.

Confundimos nuestra novedad con la novedad de los demás.

El móvil lo tenía apagado:
no me interesaba saber si llegarías.
Tú no llegarás nunca:
no llegarás a saber, a contar
las sonrisas que he recibido.

Pero intentaba definir el sexo
(tenía que olvidar: convertir en palabras).
Recuerdo que no llegaba a reflexionar:
frases sueltas: interrupciones..

No hay nada. No habrá nada.

Y cuando ya apareciste, Patricia,
con la sonrisa de quien sabe esperar,
con todo un desierto a cuestas trazado con tus piernas de keniata,
supe,
casi sin mirarte,
que sólo en su omisión o vacío
aquella noche llegaría a existir.

domingo, 11 de marzo de 2012

Mercados financieros de la energía (gas natural)

...aquí van: mis apuntes ligeramente retocados...


La tinerfeña a mi lado. Sara, hoy, la profesora; nos pregunta qué sabemos del gas natural: Carlos, delante, contesta: AASS Castor, dice. Almacenamiento de gas licuado: muy caro. Florentino, ACS. (Crespo: movimientos de Iberdrola contra la termosolar para evitar que Florentino venda, si no recuerdo mal). Sara: Gas natural: metano, principalmente: menos contaminante que derivados del petróleo y que el carbón (menos ramificaciones, dice). Reservas (se contabilizan las técnica y económicamente viables): Rusia, Oriente medio, Norway, Canadá. Mercado liberalizado: monopolio natural: no es rentable poner vías paralelas: transporte y distribución regulados. Roces con la tinerfeña, conocerla, quizá. Regasificación y almacenamiento: pueden ser regulados o no. 

Escribe en la pizarra: se levanta la camisa por la espalda, ligeramente agachada.

HUBS: Europeos: mercados de gas: mercados spot. Da ideas: no conceptos: que distingamos: ideas generales: curso general: lo creó ella, dice, aún joven, ahora, con un pantalón de tela, una camisa azul, los brazos desnudos, morena, para mejorar lo que ella consideró, en su etapa de estudiante, como una carencia en sus estudios, aquí, energética, también, con gafas. El italiano, dice, ante una gráfica con los precios en Europa, desligado del resto de mercados. Nos muestra un mapa de Italia, con sus gasoductos, sus conexiones. Pregunta: Carlos: impedimentos, trabas del gobierno. Dice: mayor precio: menos oferta que demanda. Barreras, Sara, ENI, posición dominante, puede permitirse elevar los precios. Eon y alguna otra, pocas empresas. España: Gas Natural: 45 %. Muchas empresas: regasificación: desarrollo de la GNL: evita los problemas por las pocas conexiones mediante oleoductos de España, como tiene Italia. España, país europeo con mayor desarrollo de GNL.

Dice: Petróleo: precio único mundial: barquitos con elección: elijo ir allí, que me darán más. Gas natural: diferentes precios: gasoductos sedentarios, aguantar a los rusos, GNL poco extendido. 

Incertidumbre: quiere saber mi nombre, creyendo que contesté a una pregunta anterior. Se lo niego, señalo a Carlos, el culpable. Me invento sus intenciones. 

Cambios en la situación del gas: Crisis, disminución de la demanda: bajan precios de los mercados spot: hay que seguir pagando los contratos firmados: las empresas pagan por lo que pidieron aunque finalmente no se extraiga. Disminución upstream, exploración, inversiones: no podrán cubrir oferta, dice, luego. Energías renovables: menos horas de funcionamiento, incertidumbre en el número de horas. Incremento del GNL: más libertad del mercado. Introducción del gas no convencional: shale gas: más oferta: bajada del precio: incertidumbre en la cantidad del gas, de su impacto en el mercado, dice, Molinero. Seguridad del suministro: juegos rusos: 50 % del gas europeo proveniente de Rusia: cuarto corredor, corredor escandinavo.

Informe CNE del otro día: problema del déficit de gas reciente: no como el jodido déficit tarifario de la electricidad: desequilibrio económico: forzar sostenibilidad: medidas regulatorias propuestas al ministro. Espera.


sábado, 3 de marzo de 2012

Retrato

Tendré que volverla a manosear: tengo que hacerle más corta la nariz, más grande la boca, torcerle algo los ojos. (Aprendí a dibujar, curiosamente, el otro día, antes no podía hacer dibujos realistas, intentando un desnudo con un sutil juego de sombras: llevo ya otros desnudos satisfactorios, y dos vestidos: éste es el segundo).
(Exceptuando un rico jabalí hace un par de años, no recuerdo ningún acierto mío en el intento de la representación realista mediante dibujos: creo que el tema es la clave, en estos intentos).
¿Qué piensa usted, lectora?








sábado, 18 de febrero de 2012

Propuesta


No confío en la gente que hace cosas: que está siempre haciendo algo, quiero decir. Más que intensidad o una forma de aprovechar la jodida existencia, lo que yo veo es temor, una forma de engañarse, de utilizar agujeros para tapar el vacío, pienso, a veces, Gema, me dijo mientras, rodeados de gente, subíamos una calle buscando algún sitio para cenar, la mirada hacia el suelo, Rubén, cohibido, mis ojos verdes, aunque mintiese al buscarlos, y suficientemente cerca para algún choque y para poder escuchar su voz tímida. Ayer fui a una conferencia, hoy tengo nosequépoyas, no se si entiendes lo que quiero decirte.

Terminamos elegiendo una calle inclinada, donde vimos algunas mesas vacías. Me gusta este sitio, dijo mientras nos sentábamos.

-------

lunes, 6 de febrero de 2012

Descanso

Llevé las infusiones a la mesa, donde ella esperaba sentada. Rodeó la taza con las dos manos, Gema. Nunca me ha gustado pertenecer a un grupo, dijo. Me senté frente a ella. Sonaba un disco que acababa de poner poco antes de que yo llegara. Me refiero... la similitud del lenguaje, esa absurda sensación de comprensión... no sé... No me gusta. El otro día fui a una librería-cafetería... Parecía un buen sitio: llegué a pensar, al principio, en convertirlo en un sitio habitual al que ir. Había un perrito entre las mesas, una buena selección de libros, gente... una chica espectacular con minifalda, una sala de exposiciones en un sótano, vino... Me puse a mirar los libros: buscaba uno en concreto que me habían dicho que, por ahora, sólo lo vendían allí. De vez en cuando sacaba uno y me ponía a leerlo: lo de siempre en una librería. Hablaban, mientras tanto, junto a la barra. Uno contaba: ahora estoy colgando relatos cortos sobre la raíz... Yo estoy con mi tercera novela, trata de... Cosas así. Se levantó, Gema, con las manos el pelo. Después de comprar el libro, bajé, por la sugerencia del vendedor, a ver la exposición: libros abiertos colgando de las paredes. Estaba la creadora de la obra hablando con una de las visitantes: Pues es el segundo sitio donde he expuesto, se me ocurrió... No sé, Rubén, yo salí bastante desencantada con la literatura y con el arte: como si hubieran perdido su valor. Desgastadas. Creo... Me gustan otro tipo de relaciones.

Se quedó callada (juntó los labios, Gema). Apoyó la cabeza en las manos: despuntaron sus ojos, verdes, sobre las mejillas deformadas. Cuando era pequeña me encantaba leer sobre literatura: imaginaba que sería maravilloso, diría, hablar de literatura: explicar lo que una comprendía de cada situación, razonamiento, discutirlo con alguien. Pero la verdad es que ahora me aburre, aunque a veces lo intente.

Me acercó la taza vacía. ¿Te gusta? Sabe cantar. Sí, le dije, se nota que ha leído. Me miró. Para cantar bien hay que leer, le expliqué, o haber vivido, dependiendo del tipo de canción. La voz es un instrumento que precisa tres cosas: afinación y fraseo, como el resto de instrumentos, pero, además, palabras, comprensión de las palabras. No se pueden desligar, normalmente, para un buen cantante. La afinación, incluso, es menos importante que los otros dos factores. Y las canciones, decía, no dejan de ser literatura. Hay que leer, haber leído, para interpretarlas. Claro que a Cesária Évora no le hacía falta leer, ni a Howlin Wolf (no sé sí lo harían). Se levantó y se tumbó en el sofá. Ya. Muy bien. Vente.

lunes, 23 de enero de 2012

Encuentro

...mirando al mar...



Los dos nos quedamos mirándola. Gema, insolente. A los dos nos gustaría tener esas tetas, le dije. Pensé que entendías algo de mujeres, de erotismo... Caminaba junto a la orilla, descalza, infantil, Gema. Me miró decepcionada. No vale nada. Sólo de lejos... o en una foto... De cerca, cuando importa, pierde valor. Cargaba con sus zapatos y su perro, atado, que insistía en alejarse de la orilla, de Gema, y en seguir caminos curvados. Nunca me ha gustado el mar, oí. Prefiero la playa. El mar con su falsa perspectiva, por encima de aquellos acantilados. No me gusta tampoco su absolutismo... ese del que hablaba Ducasse. Prefiero la playa, las olas perfectas de hoy, por ejemplo. Antes del verano, mejor. Aunque me gusta en las cuatro estaciones. La mejor foto que he hecho nunca la hice en esta playa, un otoño: a una gaviota sobre aquellas rocas, con las alas abiertas apoyadas en las rocas, una de ellas rota, herida. Miraba, altiva, al mar, al horizonte, como si se diera cuenta de lo que ya nunca volvería a hacer, de su final. Una pena que no me llevase aquel día la cámara. Era una gaviota realmente imponente. En un momento trascendente, además.

Llegamos a las rocas y le pasé los zapatos. Decidimos subir a lo alto del acantilado. A ver si encontramos algo allí, dijo. Al perro le pareció bien. Una piedra, vértigo o aire. Y podremos apreciar el fracaso del mar claramente, mientras tanto.

viernes, 20 de enero de 2012

Fuera de lugar

Una amistad: no confundan.


A Ana 0.

Aburrido, entraré dos veces
hasta no verte
la herida
con la única idea
deseo
de intentar
estabas sentada
(oye una melodía)
las medias juntas
querré
te alegraste de verme
(nunca nadie, tanto)
(María después)
te quiero mañana
dijiste
fuera de aquí no tiene sentido
fuera de lugar
(a mí lo que me gusta)
no podría vivir sin cuatro estaciones
la miré a los ojos claros
me quería allí
sólo un juego
la ciudad tiene calles, intenté
le toqué un hombro
no quise despedirme, otra vez
todo estaba allí.

miércoles, 4 de enero de 2012

Recreo




Se levantó de la cama, caminó como si fuese vestida, subió las persianas, apareció el sol, y demasiadas ventanas, Gema, me gusta así, dijo, y regresó, elástica, a mi lado. Nunca me ha gustado hablar de lo que realmente me importa, dijo. No creo que haya nadie que no vaya a ensuciar, degradar, con su juicio, sus valoraciones, lo que le pueda contar. Aunque sean internas, las valoraciones. O sean positivas: eso también ensucia. Por eso siempre me callo lo que me importa. Yo pensé en todo lo que me había contado anoche. No hablo de mi perro, ni de mis diversiones, mis simpatías, mi infancia... Me miró. Últimamente pienso que cada vez tengo menos pasado. Sonrió, como si estuviera burlándose de algo. Cuando era pequeña... tengo la sensación de que tenía más pasado, que cada acto estaba relacionado... o era la repetición de actos realizados durante cientos de años. Otra ancestral visita a mis abuelos, por ejemplo. Otro ancestral baño en aquel rincón de la playa. Esa cinta de recuerdo borroso, fragmentado, herido por el polvo de milimétrico aumento. Aquel objeto de aparición aleatoria. Nuestro pasado empequeñece con las años. Acabaremos por no tener pasado. Morir es quedarse sin pasado. ¿Qué te parece? Gatita. Me abrazó. Al cuello. No está mal para una mañana de domingo, se enorgulleció. Ahora vence el recuerdo, intenté. El recuerdo preciso: sin incertidumbre. El recuerdo mata al pasado: cuanto más recordamos menos pasado tenemos. El recuerdo nos mata, consecuentemente. Eso es, dijo. Sus ojos mostraron un tierno entusiasmo. Me repetí lo dicho. Quizá nos habíamos precipitado en las conclusiones, pensé. Quizá nos hemos precipitado en las conclusiones, dijo, turbia, perdiendo el entusiasmo un momento. Sonrió de nuevo.

Me gustaba su habitación: paredes blancas, una cama, una silla rodeada por la ropa que nos quitamos, dos puertas para un armario, una mesita con una novela de Sally Mara. Nada más. La ventana y una luz excelente.

Creo que le gusta Onetti a Gema, apunto.