Yo pensaba escribir una carta de amor en prosa en la que teorizara con grandilocuencia y estupidez acerca del pensamiento de T.S. Eliot, pero como soy una persona bastante limitada, escribo lo que puedo, me está saliendo esto. Sinceramente, la verdad.
Patricia:Patricia, ya queda poco y es tarde para esperar,
no podremos contar apenas tiempo
y nos hemos conocido bastante
sin estar nunca en una habitación de la que se burla el sol
convocando todo aquello que nos hizo tímidos
para olvidar que fue suficiente o lo único,
la única forma posible de atrapar o de herir
e inventar que hubo horas que ya no quedan
ni sabremos contar concentrados en otras calles
repletas, en aulas repletas que impiden el conocimiento,
y noches sencillas bordeando las aceras
o alejadas mañanas de invierno arañando nuevos climas.
No ha sido suficiente, fue suficiente.
Por una vez tengo que usar palabras para hablar contigo.
Todo en ti fue desierto: tus asombrosas piernas de keniata,
tu piel de tierra quemada, tus ojos negros sin compasión,
las rocas que te rodeaban, la sequedad de tus palabras susurradas,
o las conversaciones que tuvimos cada día
extendidas en la superficie de la arena.
Árida, toda tu superficie fue de arena.
Pero había más: no sólo roca, sino agua,
caminos arenosos, superficie de arena, pero también había agua,
no un desierto vacío, sino juegos, y oculta,
a veces lluvia, suave, el agua,
y había una tibia dulzura
y un reconocimiento esbozado,
un afecto infantil para un niño que no alcanza,
y las manzanas que comimos
y los abrazos (me imaginaba la violencia de tus abrazos),
no sólo charcos pero oculta ni estéril
sólo en apariencia inaccesible.
Patricia, yo pensaba eso y tú me mirabas como si nunca te hubiesen mirado,
como si eso fuese posible,
tratándome, pensaba, como no tratabas a nadie.
¿Comprendiste la fascinación o inventabas otras posibilidades?
Nos hemos conocido, es cierto, pero cuántos errores nos habremos creído.
Con qué amor no te he querido nunca,
con qué ansiedad no te he esperado
sentado en sillas o escalones equivocados,
con qué deseo no te he llegado nunca a desear,
con qué curiosidad he querido saberlo todo, Patricia,
y sin embargo, joder, te estoy escribiendo ahora
justificándome o explicándome
o buscando una última prueba de aprecio o interés,
para comprobar no sé qué valor propio,
o para que vuelvas a pensar en mí con cierto asombro,
y reciba otro gesto o no se acabe aún,
no cierres,
no cierre lo poco presente, las huellas o las gotas,
cercano a ese calor o aire que no quise o pude,
cuando ya no sean posibles las coincidencias.
(Yo no sé lo que es el amor o la amistad, diría).
Patricia, sé que nos despediremos como siempre
y nos volveremos a ver alguna vez y será como siempre
y vivirás y yo quizá te recuerde a veces,
qué estará haciendo mi dulce y árida Patri,
y continúe con lo mío,
y tú quizás no tengas tiempo,
pero podrás reconocerme, ah tú,
y será suficiente, de nuevo.
Eres inevitablemente trascendental,
caigo en la trampa.
Nada más,
necesitaba esta despedida,
este cambio.
Abrazos,
Rd.
Madrid
15/05/2012
http://rdmmu.blogspot.com.es/2011/09/de-un-saludocuarta-prueba.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario