lunes, 28 de mayo de 2012

Desencuentro

...antes de Praga...
...Samuel Beckett, por ahí...

No confío en la gente que hace cosas: que está siempre haciendo algo, quiero decir. Más que intensidad o una forma de aprovechar la jodida existencia, lo que yo veo es temor, una forma de engañarse, de utilizar agujeros para tapar el vacío, pienso, a veces, Gema, me dijo mientras, rodeados de gente, subíamos por una calle buscando algún sitio para cenar, la mirada hacia el suelo, Rubén, cohibido por mis ojos verdes, aunque mintiese al buscarlos, y suficientemente cerca para algún choque y para poder escuchar su voz tímida. Ayer fui a una conferencia, hoy tengo nosequépoyas, no se si entiendes lo que quiero decirte.

Terminamos eligiendo una calle inclinada, donde vimos algunas mesas vacías. Me gusta este sitio, dijo mientras nos sentábamos. Tampoco confío en la gente que es incapaz de estar sola, insistió, completamente sola, con cierta frecuencia. Siempre he creído que es algo necesario. Ahora la gente quizá pase bastante tiempo físicamente sola, pero están con sus teléfonos o sus portátiles... No sirve... Salen a la calle y no miran o salen a la calle y no escuchan. Sonreía en cada pausa, como si no creyera en lo que decía, Rubén. Y luego se acuestan y se ponen a contar ovejitas cuando no pueden dormir... Yo me pongo a pensar, a repetir o mejorar conversaciones que tuve, a inventarme historias... Con Patricia, dije... De todo, me cuento de todo;  me encanta recrearte, por ejemplo. Siempre he considerado que mis mejores conversaciones las tengo cuando soy incapaz de dormir, mientras doy vueltas por la cama. Hablaba como a pedradas, variando la velocidad durante la frase. Tuve un compañero de piso que siempre se llevaba un libro o una revista cuando iba a cagar, continuó. Hay una excesiva necesidad de tener la mente distraída, dijo. Se acariciaba el rostro, Rubén, la barba, mientras hablaba. Las conversaciones están bien, eso no se pierde. La verdad es que no se de qué gente estoy hablando. Yo no concozco a la gente.

Llegó el camarero para llenar la mesa con las bebidas y los primeros platos, berenjenas con miel y aros de cebolla con varias salsas, que habíamos pedido, y comenzamos a comer, alabando los platos y olvidando la conversación.

En la de al lado, una pareja hablaba de un viaje a unos amigos. Míralos, dije, hablan de sus vidas. No les basta con vivir. Tienen, además, que hablar de ello. Es bonito. Ríen. Levantaba más los ojos que la cabeza, Rubén, al mirarme. No lo saben, dijo. Hacen las cosas sólo para tener anécdotas que contar. Alguna vez escuché a un amigo que justificaba sus gilipolleces (colarse en alguna feria gastronómica o cosas así) con la posibilidad de contarlas a sus hijos. Que lo contrario sería muy aburrido, decía. Me robó la última berenjena, Rubén. Sonrió.

martes, 22 de mayo de 2012

Recreo


Poeta,
que te llenas la boca de palabras,
masticándolas a duras penas
con el rostro desencajado,
que incapaz de tragarlas las pones en el plato,
ya sin sustancia,
sin significado,
sin valor,
sin preocuparte de tu amada
de labios tristemente humedecidos
y piernas firmes sin meta que caminan
y pechos suaves que no tiemblan
y un sueño en la piel limitada
y una historia sencilla por contar,
Poeta,
que te quedas solo frente a tu plato lleno y su plato vacío,
admirando las palabras que escupiste,
removiéndolas insistente con un tenedor,
las palabras van después,
si acaso,
capullo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Desánimo


He dejado de tocar la guitarra, Gema, le dije cuando me llamó. Para siempre, digo. Unas semanas, al menos. Las que llevábamos sin hablar, pensé. Me estuvo contando su adaptación a Praga: las calles, el piso que había alquilado, la gente con la que se cruzaba a diario, los amigos que había hecho. No sé, pero siempre que cambio de ciudad le tomo cariño a la gente con la que me cruzo habitualmente las primeras semanas, dijo. Me gustaba imaginármela en Praga descubriendo sola las calles, cruzando puentes sobre el río, mirando insolente a las personas, entrando en tabernas oscuras. La imaginé ahora frente a una ventana abierta, sentada en una silla, acariciándose las piernas con la mano libre. Me preguntó por Patricia, si pensaba enviarle el poema. Me gustaría saber qué piensa: debe ser divertida su reacción; ya lo dices tú con lo del asombro. Empezó a reírse de mí con su risa limpia, Gema. Tú eres más de tocar la guitarra que de afrontar situaciones, me dijo. Ya te veo. ¿No le habrás puesto música? No, le dije. He dejado de tocar la guitarra, Gema. Se reía.  Por la espalda, le expliqué. 

viernes, 18 de mayo de 2012

La duda, décima

...evidentemente forzada por la rima...

Yo me he encontrado la duda
mirando por donde fue
y no fue porque lloré
que caí en la noche oscura
sino que hallé sepultura
herido por lo soñado
por haberme imaginado
que podía yo soñar
con mecerme en su mar
y no caer derrotado.

martes, 15 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Carta

Yo pensaba escribir una carta de amor en prosa en la que teorizara con grandilocuencia y estupidez acerca del pensamiento de T.S. Eliot, pero como soy una persona bastante limitada, escribo lo que puedo, me está saliendo esto. Sinceramente, la verdad. 

Patricia:

Patricia, ya queda poco y es tarde para esperar,
no podremos contar apenas tiempo
y nos hemos conocido bastante
sin estar nunca en una habitación de la que se burla el sol
convocando todo aquello que nos hizo tímidos
para olvidar que fue suficiente o lo único,
la única forma posible de atrapar o de herir
e inventar que hubo horas que ya no quedan
ni sabremos contar concentrados en otras calles
repletas, en aulas repletas que impiden el conocimiento,
y noches sencillas bordeando las aceras
o alejadas mañanas de invierno arañando nuevos climas.

No ha sido suficiente, fue suficiente.
Por una vez tengo que usar palabras para hablar contigo.

Todo en ti fue desierto: tus asombrosas piernas de keniata,
tu piel de tierra quemada, tus ojos negros sin compasión,
las rocas que te rodeaban, la sequedad de tus palabras susurradas,
o las conversaciones que tuvimos cada día
extendidas en la superficie de la arena.
Árida, toda tu superficie fue de arena.

Pero había más: no sólo roca, sino agua,
caminos arenosos, superficie de arena, pero también había agua,
no un desierto vacío, sino juegos, y oculta,
a veces lluvia, suave, el agua,
y había una tibia dulzura
y un reconocimiento esbozado,
un afecto infantil para un niño que no alcanza,
y las manzanas que comimos
y los abrazos (me imaginaba la violencia de tus abrazos),
no sólo charcos pero oculta ni estéril
sólo en apariencia inaccesible.

Patricia, yo pensaba eso y tú me mirabas como si nunca te hubiesen mirado,
como si eso fuese posible,
tratándome, pensaba, como no tratabas a nadie.
¿Comprendiste la fascinación o inventabas otras posibilidades?
Nos hemos conocido, es cierto, pero cuántos errores nos habremos creído.

Con qué amor no te he querido nunca,
con qué ansiedad no te he esperado
sentado en sillas o escalones equivocados,
con qué deseo no te he llegado nunca a desear,
con qué curiosidad he querido saberlo todo, Patricia,
y sin embargo, joder, te estoy escribiendo ahora
justificándome o explicándome
o buscando una última prueba de aprecio o interés,
para comprobar no sé qué valor propio,
o para que vuelvas a pensar en mí con cierto asombro,
y reciba otro gesto o no se acabe aún,
no cierres,
no cierre lo poco presente, las huellas o las gotas,
cercano a ese calor o aire que no quise o pude,
cuando ya no sean posibles las coincidencias.

(Yo no sé lo que es el amor o la amistad, diría).

Patricia, sé que nos despediremos como siempre
y nos volveremos a ver alguna vez y será como siempre
y vivirás y yo quizá te recuerde a veces,
qué estará haciendo mi dulce y árida Patri,
y continúe con lo mío,
y tú quizás no tengas tiempo,
pero podrás reconocerme, ah tú,
y será suficiente, de nuevo.
Eres inevitablemente trascendental,
caigo en la trampa.

Nada más,
necesitaba esta despedida,
este cambio.

Abrazos,
Rd.

Madrid
15/05/2012

http://rdmmu.blogspot.com.es/2011/09/de-un-saludocuarta-prueba.html

domingo, 6 de mayo de 2012

La belleza o la herida

...el insulso poema del que hablé...


La belleza o la herida




Golpeado con una sonrisa amable y tierna
y un rostro plácido que acepta nuestros minutos.

De la voz oigo más que palabras
y un desierto limpio donde cae la lluvia,
ahogado abril de tanto tiempo sin estar sentado.

No quiero ir más allá: no me atrevo a mostrar la herida.
Voy por donde me lleva, separados, 
tan lejos de la piel y en la superficie.

No quiero ir más allá, ni muero,
ni muestro mis ojos o sus labios atentos,
o pienso en los días que repite, 
en la hierba que no besó sus brazos,
sus manos apoyadas en la mesa o mar,
la piel limpia por siglos de obediencia.

Sin embargo estamos los dos: no hay dios, ni él,
y corren desinteresados los últimos años
buscando una sombra donde caer.

martes, 1 de mayo de 2012

Diría

...un comentario que dejé por ahí...

Diría, casi como si se tratara de una sombra, se queda en la superficie, tan sólo fachada, sin concentración, sin esfuerzo, no hay construcción, no hay estructura, una verborrea, un vómito, y no merece la pena leerse, ni siquiera intenta hacerlo bien, como si meara, esa mujer, la belleza o la herida, con los labios rojos, por primera vez, los labios como espadas, y se queda hablando sobre sus tacones con una muchacha que fuma como si no hubiera cumplido veinte años, y muestra unas piernas ensordecedoras, de saltar a la comba, me dijo, quería llevarse bien conmigo pero me dijo que mi peinado era horrible, confuso, que no dejaba captar mi historia, ni mis ojos abiertos, es una pena, dije, su crítica, la confusión de mi peinado, mis ojos azules tapados por una bola negra, además probaba mi mirada de burla, aunque era bastante mayor que yo, veinte años mayor que yo, con una experiencia de la hostia, cientos de horas sobre sus piernas que yo aún tendría que igualar, pero la otra era una niña, claro, jugaba con sus veinte con un bonito escote y unas engañosas medias negras, le dije, si me la hiciese otra persona quizá me ayudara, sabía que no olvidaba lo que le dije, diría, quizá me replanteara, revisara, diría, pero yo fui consciente, era mi elección, yo quería elegir eso, y jugaba con la ambigüedad, que sea difícil, joder, y fracasar, hay que fracasar, y perder, nos gusta perder, en la puerta y con la noche, todos sus intentos pierden valor, al menos para mí, porque me suenan heridos, intente que no suenen así y me dolerán más, y la joven sonreía expulsando el humo, aún terriblemente tierna, o me ayudararán y mejorarán, si es lo que usted quiere, ponga usted algún punto, joven, que habla muy atropellada, con ese peinado cómo quiere que le tome en serio, me pregunté, me miro en el espejo, la puerta me vale, y veo que está dentro de lo que buscaba, es más o menos lo que buscaba, me reviso a ver si tiene razón, estaré haciendo lo que no pretendo, quizá, me digo, le daré una oportunidad a sus sugerencias, como una sombra pienso, por la sombra, se va algo indignada por mi absorta presencia, contenta porque cree que ha servido para algo, y la joven la sigue, como un patito con sus tacones, y yo me miro en el espejo, la puerta me vale, una vez más, y sí, acepto, me tapa los ojos, pero no es negativo, no es negativo, que sólo lo vea María Iribarne, da igual, es lo que yo quería.