En diez minutos escribió Myriam dos páginas, un folio. Una carta, intuí. No se interesaba en las explicaciones de la profesora, supuse; torpemente quizá. Luego dibujó una casa en la mesa, geométrica, completa, feliz. Estaba sentada casi a mi lado. Me divertía mirando, como siempre, sólo un juego. Le imaginé un interior distinto al que le había creado durante años de observaciones inútiles y superficiales en las horas de universidad, en las muchas coincidencias que me hicieron capaz de reconocerla sin conocerla.
viernes, 29 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Febrero: otro encuentro
Hoy era luz o esperanza, juegos sin motivo, y los juguetes escondidos tras la camiseta de tirantes, y la sonrisa fácil y, como siempre, las palabras de siempre, los pocos segundos, el intercambio, el recuerdo equívoco, la rememoración.
domingo, 3 de abril de 2011
Proximidad (y Tom Waits en la cama)
Aquí irá un texto, (me) aviso. Mientras llega el cabrón del texto, hablaré de otro que tampoco he podido escribir: creo que contaré sólo lo que no tiene interés: los hechos: para evitar cualquier tipo de acto cruel. Confieso que intenté hacer una canción sobre el mismo tema y que también fracasé: la música no está mal, con ciertos riesgos en la voz, en la estructura: pero la letra es bastante mala: estaba demasiado limitada por la melodía (la escribí después que la música) y por mi capacidad. La llamé igual que al cuento aún no escrito (sigo con la intención): La vía real: creo que esto lo robé de un libro de Malraux (por cierto, las calles de Madrid llenas de lehavrenses, estos días) cuyo título vi en una librería y del que no he vuelto a saber nada: dicho por un andaluz, pienso, tiene algún divertimento añadido. Los hechos... exactamente... Un joven observa: como en Maestros Antiguos de Bernhard observaba el narrador al que miraba el Tintoretto, al tal Reger: a Paul Auster: al que acaban de dar el premio Nobel, apenas algunos meses atrás: frente a la tumba de Samuel Beckett: en el cementerio de Montparnasse. El joven se queda un rato oculto, observando: con una forma similar a Maestros Antiguos, el joven iría derrumbando con odio las obras de Paul Auster, a Paul Auster, mostrando un gran conocimiento de su obra y de la de Beckett. Esto daría pie, digo, supuestamente, a grandes pensamientos sobre muchos temas. Luego se acerca a Paul Auster, insolente, y comienzan a hablar. Esta parte aún no me la he planteado. El joven está de visita en París y entra solo al cementerio, pues su rubia y comprensiva acompañante, en principio Pilar, prefirió quedarse en un café cercano, que soy capaz de imaginar como si hubiese estado allí. El cuento requiere, como se ve, un conocimiento amplio de las obras de Paul Auster y de Beckett: lo que, en el primer caso, no estoy dispuesto a hacer y, en el segundo, soy incapaz, a pesar de haber leído varias obras suyas; de ambos, también. Pensé en contar la idea al único escritor actual que admiro, aunque no lo lea, quizá, para escribir dos cuentos en paralelo: para ver las diferencias, por diversión. No lo he hecho. A penas he logrado varios principios poco prometedores.
"Songs, uh, are really just interesting things to be doing with the air" Tom Waits
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