jueves, 28 de diciembre de 2023

Singularidades

 Querida B,

Esto lo voy a apuntar rápidamente, porque no quiero que se me olvide. Perdona si queda un poco desorganizado. Esta mañana coincidí con el científico loco, como lo llamaste, en un congreso de la sociedad española de rehabilitación y medicina física, una de estas cosas horribles en las que todo el mundo se parece inquietantemente, y en la que todos, menos los torpes, intentan hablar con el máximo número de gente, buscando alianzas, conocimientos, diversión, no sé. Era, claro, la primera presencial después de la pandemia, y había muchas ganas (se notaba en el ambiente, digamos, no es que yo las tuviera). Fue en el Meliá de Puertollano, un sitio en el que nunca imaginé que hubiera ni hoteles ni estaciones de trenes ni gente. De hecho, nunca había tenido muy claro ni dónde está. 

En el cóctel de bienvenida del congreso, al dar vueltas persiguiendo comida, me crucé con el director, que estaba hablando con una mujer de su edad, una antigua compañera suya, colocados, probablemente estratégicamente colocados, en una de las esquinas desde la que salían los camareros con las bandejas de comida y de vinos. Nos saludamos, nos presentó a ella y mí, y no tardé en darme cuenta que al director se le estaba empezando a soltar la lengua, a decir cosas interesantes a su amiga, quizá porque llevaba algún vino de más. Nunca lo había visto tan comunicativo. Así que me quedé allí, un poco fuera de lugar, pero aceptada y atenta. 

A ver, que me estoy alargando por ponerte en situación. La cosa es que empezó a explicar su gestión de la clínica, de forma un poco velada al principio porque parecía que estaba hablando de otra cosa, no sé muy bien de qué, pero bueno. Luego, en algún momento, dijo que él en su clínica sólo aceptaba gente a la que conocía previamente, en mayor a menor medida, o que eran los que tenían prioridad y con los únicos con los que tenía relación. Conocer a alguien es una falta de respeto, dijo el director, pero yo nunca me he preocupado por ciertas faltas de respeto. Probablemente me equivoqué de profesión, pero una vez aquí vi el interés que podían tener esas situaciones particulares a las que se enfrenta la gente que viene a mi clínica, verse de repente con un problema físico incapacitante, donde antes había una persona sin obstáculos. A esto llegué, dijo, después de muchos años viendo el arte de la rehabilitación únicamente como arte de la rehabilitación, como relación de procesos físicos, como juego físico e intelectual, de tratar a las personas como personas físicas, para luego, con los años, con el conocimiento de la técnica, la absorción de la técnica, tratar a las personas como seres humanos, los seres humanos como personas corrientes, físicas y no físicas. Y no es tanto ver la reacción de la persona ante esto, así el director, sino la singularidad. A las personas como seres humanos, y a los seres humanos como personas, siempre se las conoce en situaciones, diversas situaciones que son normales, situaciones que no son normales, pero cuando se dice conocer a alguien, cuando en efecto conoces a alguien o sientes que conoces a alguien, siempre es para unas cuantas situaciones que consideras normales, propias de la costumbre en las que coincides con esa persona como ser humano. Pero luego existen singularidades, como en matemáticas o en física, zonas donde no son aplicables los teoremas básicos, así el director, si no recuerdo mal de cuando estudié matemáticas. Zonas donde cambian las propiedades de la función pero siguen siendo la función. Mi punto de partida, el punto de partida de mi estudio, de mi estudio de las personas como seres humanos, del estudio al que estoy dedicando mi vida mientras parece que le dedico mi vida a la rehabilitación, consiste en comprender el espacio matemático de las personas como seres humanos en su relación con estas singularidades, en comprender si son significativas en las personas como seres humanos en lo que son, en lo que resultan ser, en su comportamiento también lejos de esta singularidad. ¿Se puede explicar el comportamiento previo de una persona a través del comportamiento de esa persona en una situación traumática como puede ser la pérdida de movilidad en las piernas? Esta es la singularidad que me permite la clínica. hay otras singularidades más comunes, también interesante, dijo el director sin especificar. Contrato siempre a los mejores profesionales, así el director en otro momento, sin mirarme pero haciendo una especie de gesto que pareció un reconocimiento, pero a los mejores profesionales que encajen con mi estudio. Los mejores profesionales son imprescindibles para mi estudio. Los mejores profesionales en este campo entienden a las personas no como personas físicas, sino como seres humanos, seres humanos como personas corrientes, con sus extravagancias y sus normalidades. Pero siempre hay que elegirlos, a los profesionales en este campo, acordes con los pacientes, acordes con los pacientes subrayado con la voz. El mejor profesional para un tipo de paciente no tiene por qué ser el mejor profesional para otro tipo de paciente, así el director, siempre desde el punto de vista de mi estudio. En los últimos años, y esto lo puedo decir ahora que ella no trabaja conmigo, porque los mejores profesionales para mi estudio no tienen que tener nunca en mente mi estudio, dijo el director, refiriéndose a mí, he intentado encontrar sólo pacientes extravagantes, de comportamientos fuera de lo normal, y para ello necesitaba los mejores profesionales para este tipo de pacientes, pacientes ya raros antes de haber sufrido ningún tipo de desgaste físico, mejores profesionales aptos para este tipo de pacientes. Una nueva fase de mi estudio. La elección de un mal profesional, de un profesional no ideal, podría aniquilar todo mi estudio. Y siempre, dijo en algún momento, en todo momento, escribir, documentar lo pensado. Escribir e investigar, así el director. Investigar y escribir. Investigar escribiendo y escribir investigando. Y empezar de cero, una y otra vez, en ese proceso de escritura y de investigación. El arte de la construcción de lo investigado, arte de la construcción subrayado con la voz, poner los cimientos una y otra vez, y luego las paredes. Pero no dar por buenos los cimientos hasta que no se haya terminado. Eso es todo, pienso siempre, dijo el director. 

Escribí lo anterior el martes durante un rato libre que tuve en el hotel, por escribirlo mientras estaba fresca, la conversación, y porque me acordé de ti y de la carta que tenía pendiente contestar. Hoy es viernes. El espacio en blanco que ves en la hoja son tres días de conferencias, conversaciones ya borrosas de las que conservo frases y caras mezcladas, malas comidas y suficiente vino, y una cena anoche que terminó como terminan estas cenas. Ahora es por la mañana, es el día de clausura del congreso y no me apetece ir a las primeras conferencias. El director se fue ayer, antes de la cena, y no pude hablar con él más. En una conferencia en la que coincidimos intenté que me explicara por qué me consideraba una profesional ideal para el trato de pacientes de comportamientos raros, pero no me llegó a contestar. No sé qué pensar. Estaba mucho más desabrido que el otro día y como interesado en hablar con uno de los ponentes de esa sesión. Me voy a arreglar para salir ya del hotel, te seguiré escribiendo en Madrid vete a saber cuándo. 

Me hace gracia que estaba como despidiéndome de ti cuando tú lo vas a ver como algo continuo. Hola B, soy yo de nuevo. La misma de hace tres semanas en otro párrafo, en otra hoja. (Explicar el contexto, siempre). No me traje más hojas del cuaderno del hotel, así que he cogido una libreta de apuntes naranja que compré en Francia. 

No voy a alargarme más, que creo que me he pasado un poco, sólo decirte que está todo ok con el nuevo el piso y el hospital y el resto de cosas y que si tienes demasiado lío como para ponerte a pensar en escribir cartas, a mí también me cuesta ponerme, podríamos intentar quedar.

Me gustaría mucho volver a verte y que recreáramos Lisboa si es posible. 

Muchos Besos, G.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Entrevista (de Lisboa Martínez para un periódico)

Entra Rubén en el café en el que hemos quedado con pinta de no saber a dónde va, de estar mirando otra cosa que no soy yo; sin embargo, con movimientos quizá torpes pero sin equívocos, llega a mi mesa y nos saludamos con un abrazo (ya sabéis, los que habéis leído mis críticas, que somos amigos y que no podéis fiaros de nada de lo que os cuente sobre él). 

Lleva un jersey insulso que, según me cuenta después, es la raíz de la idea de su último disco (no ese jersey en sí, sino la idea de calificar como insulsas sus canciones viene de calificar como insulsos los jerséis que se compra, perfectos para ir a trabajar, dice). Nos sentamos y él no pide nada. Sonríe un poco bobalicón, siempre le cuesta empezar, hacerse humano ante una conversación, y yo empiezo a contarle un poco mi vida, ponerle al día con los últimos sucesos, mientras sigue sonriendo, dándome un poco la razón, un poco de apoyo. Sé que Rubén tiene todo el tiempo del mundo, siempre tiene todo el tiempo del mundo, pero tampoco quiero hacerle esperar demasiado a las preguntas a las que seguro que está esperando, temeroso como es no habrá parado de darle vueltas a las posibles preguntas mientras llegaba, mientras le cuento mis cosas.

-Tengo la impresión de que has intentado colarnos un disco instrumental, Rubén, a pesar de llamarlo Canciones.

-Claro, era un juego, todo lo que sé hacer es siempre un juego. Podría perfectamente haber sido un disco de 10 canciones y media hora de duración, lo que quizá hubiera sido una buena decisión comercial, pero yo quería jugar un poco con eso. Titular las piezas instrumentales como Canción insulsa I, II y III está hecho con muy mala intención. Le quitas las letras a algunas canciones y la gente no es capaz de apreciarlas. No hay reivindicación, no hay crítica, no hay nada, es sólo un juego. Yo tampoco suelo escuchar mucha música instrumental, aunque me gusta mucho que las partes instrumentales de las canciones se alarguen. 

-Le quitas el elemento que da sabor a las canciones, la voz, para hacerlas insulsas. 

-Sí, sí, eso es. Y luego, en las otras, en las que tienen voz, buscar otros elementos con que hacerlas, convertirlas en insulsas, o aparentemente insulsas, ocultar el brillo de las cosas, o no hacerlo evidente, buscar el esfuerzo del oyente para que se sienta atraído por las canciones. Empezando por la voz tan grisácea que tengo, claro, un recurso sencillo que tengo que me facilita mucho ser insulso, siguiendo por la armonía o la instrumentación. Que sea la canción la que te lleve de la mano y no hacer trampas (como la música en las películas que te dicen lo que tienes que sentir en cada momento, como me dijo hace un poco una amiga).

-A pesar de eso creo que hay varias canciones pop muy bonitas. Compañera fantasma, El gris del cielo, entran a la primera escucha. 

-Hasta las mejores personas cometen errores.

-Y hay elementos electrónicos, guitarras eléctricas, ritmos casi bailables, y bastante variedad entre las canciones.

-Yo soy guitarrista, yo no tengo necesidad de componer canciones, sino de tocar la guitarra. Pero componer canciones me permite tocar otras cosas con la guitarra, tocar cosas que de otro modo no tocaría. Entonces esos elementos hacen que pueda probar cosas nuevas. Lo hablaba con la misma amiga el otro día, yo no soy una persona académica, me gusta estar fuera de la academia, no sé qué es la academia. Yo no quiero sonar a escuela de escritores, como tantos escritores ahora. A estar producido en masa. Emplear elementos personales dentro de mis capacidades de invención. No hago más que repetir la palabra elementos, pero es que componer es básicamente eso: unir elementos hasta formar algo con unidad. 

-A veces da la impresión como de falta de verdad en tus canciones, tanto escuchando tus canciones, como por lo que me cuentas. Construyes canciones como un arquitecto que no sabe arquitectura.

-Gracias por ese piropo final. No sé, no diría que son cosas que me salen del corazón, en las que desnude mi alma. Eso es verdad. Casi todas son más bien fruto de la casualidad. Seguir el camino abierto por una pequeña obsesión (una secuencia de acordes, unas palabras) hasta acabar dando con una canción. Como un niño jugando, obsesionado, con la caja del juguete o cualquier otra tontería que haya encontrado cerca en lugar de con el juguete.

-Bueno ahí hay alma, personalidad, diría. Se nota que te diviertes, que has grabado las canciones con esa media sonrisa tuya tan bobalicona. Quizás sería más apropiado haber dicho falta de sentimientos. 

-¿No te parece que tenga sentimientos la de dos aviones?

-Sí, pero no tuyos. 

-Mmm, ya, si estoy de acuerdo. No sé para qué discuto. 

-Sin embargo, es un disco de amor, un poco un exorcismo para librarse de un fantasma que aparece nombrado en alguna ocasión. 

-Sí, la mayoría de las canciones son de desamor más bien. 

-En El gris del cielo, una de las pocas con letra tuya, has intentado contar una historia.

-Echo un poco menos ese tipo de canciones, que ya casi nadie hace, en la que se desarrolla una historia, una anécdota. Ahora son todas una colección de imágenes, de ideas, de versos sueltos, de descripción de sentimientos. Tampoco creo haberlo conseguido, ha sido solo un intento. 

-Qué canción te hubiera gustado componer, a qué canción te gustaría que se pareciese algunas de tus canciones.

-Bueno, creo que está claro que este disco hay muchas canciones que son variaciones de Quien fuera.  Creo que hay tres o cuatro canciones que estoy muy contento con como son. Que no querría que fuesen de otra manera. Algo que sí que no he conseguido es escribir una como De repente nada, de Josele Santiago, o Serrín. Que por más que las escucho, incluso sin llegar a entenderlas, no dejan de asombrarme, tanto musicalmente como por letra. Quiénes son los que hablan, de quién están hablando. Qué es lo que le asusta, por qué huye, por qué hay una cama, el mar. ¿Trata sobre un suicidio? ¿Una pareja con un hijo? ¿Ha entrado un bicho en la habitación? No sé nada, y no puedo dejar de mirar, de pensar la escena. 

-Una última pregunta, ¿habrá gira esta vez?

-No sé nada. 

miércoles, 9 de agosto de 2023

Canciones Insulsas, de Rubén Matías (2023)

Después de tres años, regresa Rubén Matías con una nueva colección de canciones, en un disco de, así llamadas, canciones insulsas, que ya nos avisa de lo que nos vamos a encontrar: efectivamente, canciones insulsas que no se incrustan en la cabeza, melodías poco sentimentales, estructuras armónicas repetitivas, casi sin desarrollo, y letras que, salvo en un caso, se manejan en torno a lo grisáceo, a veces únicamente por temática, buscando no llamar la atención, de un modo juguetón aunque pretendidamente sin gracia. A pesar de ese componente insulso que lo inunda, en este disco llama la atención el aumento de recursos respecto a sus discos anteriores por la mayor presencia de percusión y unos llamativos, y normalmente sutiles y también insulsos, sonidos electrónicos. Es probablemente su disco más variado en lo sonoro, aunque la unidad del conjunto, como ya ocurriera en el anterior, Los alambres de 2020, es clara. 

Comienza el disco con una improvisación llamada El gris del cielo, que oculta que viene de la Despechá de Rosalía y en la que una rítmica guitarra española sirve de acompañamiento a una blusera guitarra eléctrica. Una pequeña intro electrónica llamada Paraíso da entrada a la primera canción del disco, Patti Smith, con una letra rencorosa sobre una conseguida trenza de guitarras y piano y fondo electrónico. Continúa el disco con una canción tarareada que muestra una de las constantes del disco: el empleo de guitarras con afinaciones de notas más graves que la estándar, en este caso Drop D en busca de la calidez que dan esos sonidos graves, tan agradables. La canción más ambiciosa y mejor cantada del disco es Carta de amor, sobre un poema de Sylvia Plath traducido por Rubén, al que se le añade un estribillo comercial. Una larga y monótona aunque placentera coda de un solo acorde alarga la canción innecesariamente durante cuatro minutos en los que se intuye a Rubén riéndose alegremente. La canción tarareada del principio del disco es el boceto de esta canción, y resulta bastante divertido ver lo que cambia entre una y otra, cómo evolucionaron las melodías, los arreglos, los diferentes motivos que hace la guitarra entre una y otra, la estructura. Cierra este tramo del disco la canción más narrativa del disco: una historia insulsa bajo un cielo gris, con un acompañamiento de varias guitarras precioso, que calificaría de techno acústico. 

La siguiente pieza es una obra instrumental llamada paródicamente Canción insulsa III. Otras dos canciones insulsas se distribuyen a lo largo del disco con una intención de barrera, de separar tramos del disco.

En el segundo tramo del disco se encuentran las dos canciones más eléctricas:  Está bien, con letra de Camino Román y una excelente guitarra eléctrica con ecos de Graham Coxon, y Kombucha, divertimento eléctrico, no sé si cercano al punk o al rock sureño, al que no le hubiera venido mal una producción más cuidada.

El siguiente tramo del disco, un poco fantasmal, construido en torno a una afinación similar a la open D tomada de Santiago Feliú, agradable de escuchar, aunque quizá repetitivo, y que se cierra con una canción de pop electrónico taciturno, multitudinario.

El último tramo eleva el nivel tanto en las letras como en la música con Todo iba a ser, con un fantástico juego de voces y guitarras acústicas, y la rítmica y dinámica Lejos del deseo, con letra, al parecer, de P. H. D., que parece haberse construido como canción a la vez que se grababa (muy interesantes los cambios melódicos en las distintas repeticiones de la letra, como buscando cuál melodía se ajusta mejor a la letra). Como cierre, se utiliza el mismo acompañamiento de la pieza de apertura del disco pero esta vez con una improvisación de piano eléctrico (otro divertimento más del autor).

En definitiva, un disco que únicamente hará gracia al autor, que cumple lo que promete ya desde su título, agradable para ponértelo de fondo en la oficina, mientras limpias el baño o si quieres quedarte dormida pronto. 

Lisboa Martínez