La belleza o la herida
Golpeado con una sonrisa amable y tierna
y un rostro plácido que acepta nuestros minutos.
De la voz oigo más que palabras
y un desierto limpio donde cae la lluvia,
ahogado abril de tanto tiempo sin estar sentado.
No quiero ir más allá: no me atrevo a mostrar la herida.
Voy por donde me lleva, separados,
tan lejos de la piel y en la superficie.
No quiero ir más allá, ni muero,
ni muestro mis ojos o sus labios atentos,
o pienso en los días que repite,
en la hierba que no besó sus brazos,
sus manos apoyadas en la mesa o mar,
la piel limpia por siglos de obediencia.
Sin embargo estamos los dos: no hay dios, ni él,
y corren desinteresados los últimos años
buscando una sombra donde caer.
buscando una sombra donde caer.
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