Se levantó de la cama, caminó como si fuese vestida, subió las persianas, apareció el sol, y demasiadas ventanas, Gema, me gusta así, dijo, y regresó, elástica, a mi lado. Nunca me ha gustado hablar de lo que realmente me importa, dijo. No creo que haya nadie que no vaya a ensuciar, degradar, con su juicio, sus valoraciones, lo que le pueda contar. Aunque sean internas, las valoraciones. O sean positivas: eso también ensucia. Por eso siempre me callo lo que me importa. Yo pensé en todo lo que me había contado anoche. No hablo de mi perro, ni de mis diversiones, mis simpatías, mi infancia... Me miró. Últimamente pienso que cada vez tengo menos pasado. Sonrió, como si estuviera burlándose de algo. Cuando era pequeña... tengo la sensación de que tenía más pasado, que cada acto estaba relacionado... o era la repetición de actos realizados durante cientos de años. Otra ancestral visita a mis abuelos, por ejemplo. Otro ancestral baño en aquel rincón de la playa. Esa cinta de recuerdo borroso, fragmentado, herido por el polvo de milimétrico aumento. Aquel objeto de aparición aleatoria. Nuestro pasado empequeñece con las años. Acabaremos por no tener pasado. Morir es quedarse sin pasado. ¿Qué te parece? Gatita. Me abrazó. Al cuello. No está mal para una mañana de domingo, se enorgulleció. Ahora vence el recuerdo, intenté. El recuerdo preciso: sin incertidumbre. El recuerdo mata al pasado: cuanto más recordamos menos pasado tenemos. El recuerdo nos mata, consecuentemente. Eso es, dijo. Sus ojos mostraron un tierno entusiasmo. Me repetí lo dicho. Quizá nos habíamos precipitado en las conclusiones, pensé. Quizá nos hemos precipitado en las conclusiones, dijo, turbia, perdiendo el entusiasmo un momento. Sonrió de nuevo.
Me gustaba su habitación: paredes blancas, una cama, una silla rodeada por la ropa que nos quitamos, dos puertas para un armario, una mesita con una novela de Sally Mara. Nada más. La ventana y una luz excelente.
Creo que le gusta Onetti a Gema, apunto.
Como aquel cuento de Borges, Rubén, te dije, cuando me vestía, recuerda, que el muy cabrón decía que trataba sobre el insomnio pero que enrealidad es una crítica a las teorías del conocimiento de Nietzsche, a la individualidad y la metáfora, a favor del egipticismo...
ResponderEliminarG.
No lo olvido...
ResponderEliminar