Lo justifico: nacido como descarte, como prueba, como divertimento, de otro texto aún por terminar. Escrito sin interrupción, en lo que se tarde en escribir un número igual de palabras; está sin cambios, sin corregir.
Estoy pensando en lo que has dicho antes de literatura y momentos… creo que en realidad no importa un momento u otro para el que lo escucha, sino de la audacia, de cómo se muestra. Cualquier momento puede ser interesante si sabes describirlo.
¿Estás diciendo que puede resultar interesante que cuente cómo esta mañana he visto una pared que se desconchaba si sé alumbrar el momento de una manera adecuada a los intereses de los posibles oyentes?
Luego, por la noche, Ana y yo, acostados en la cama, nos pusimos a imaginar los pensamientos de Auster, aunque no llegamos muy lejos: estaba Ana extraordinariamente erótica y decidimos dedicarnos a otra cosa.
Recuerdo cómo, por la noche, antes de que nos pusiéramos a follar como humanos, sin el menor reparo, en la cama firme del hotel, con todo prioridad de Ana, ese día todo nuestro gestos estuvieron centrados en sus pechos: a los que festejamos, celebramos, su perfección, inventamos los posibles pensamientos de Auster frente a la tumba: lo llevamos al más ridículo fracaso, al éxito, al dolor intelectual, antes de pasar toda la noche sudando, abrazados, tú desnuda, recuerda, decía, el fracaso: la superioridad de Beckett, diez veces en menos de una hora, sin dolor, aquel día, joder, y no veníamos acertando últimamente, pero, ya se sabe, la dialéctica, la audacia, las pequeñas traiciones, tu piel, siempre a favor de todo esto, y esas piernas que llevo siempre en el recuerdo, nos olvidamos pronto de Auster aquella noche, y luego por la mañana no nos levantamos a la hora adecuada, y al llegar al café que nos comentó no había nadie ya, ahí es nada, sólo algunos cubiertos usados, vete tú a saber, no Ana, por quién, por vete tú a saber qué persona, y ni siquiera pudimos lamentar la tardanza, lo mucho que la noche mereció la pena, más que cualquier otra dialéctica irrepetible, imagino que ésta también lo sería, pero a fin de cuentas, dios, Ana, aun esta noche puedo tocarte las piernas y no ya burlarme de Auster y su victoria, quizás hubiese aparecido alguna influencia nuestra en su discurso y lo dejamos pasar por follar intensamente apenas algunas horas, sólo eso, y joder, quizá mereció la pena, ya no sé cuál debe ser la vía real, el acierto, lo oportuno, o si son ya demasiadas horas hablando ante personas demasiado bebidas, cansadas, incluso dormidas, Myriam, despierta coño…