Estoy pensando hacer una canción sobre el valor del desprecio en la sociedad: creo que no está suficientemente valorado como motor evolutivo: habrá que hacerle una canción, me dije ayer, cuando improvisaba unos acordes que podían quedar bien para una canción sobre el desprecio, y de paso ajustar cuentas: para mostrar su utilidad, me decía. En eso estoy. No sé cuándo empezaré.
Un capullo, compañero mío de piso, se ha operado la vista: era jodidamente miope desde pequeño: no podía mear sin gafas: ahora va sin ellas con su cara de miope y pienso que el mundo ha cambiado algo: que eso afecta incluso a mi concepción del mundo, pienso, estos días: lo imagino mirándose en el espejo, intentando reconocerse, mirando las calles, sus finales, ese cacho de cielo que parecen recortar, girando la cabeza de un lado a otro, moviendo los ojos, observando como no lo ha hecho en su vida (aunque la vista creo que no es su problema): lo imagino así, en parte porque después de dos años llevando gafas, yo, que nunca fui miope, hasta entonces, que siempre tuve la mirada como mi principal entretenimiento, me puse lentillas hace un par de meses y es lo que yo hice, digo, yo, que no tuve tiempo ni de acostumbrarme a las gafas, que puedo estar perfectamente sin ellas: no creo que nadie me recuerde, imagine, me represente con gafas, sentí un cambio importante, una especie de mejora que afectaba más al mundo que a mi mismo. Y ahora él, haciendo un mínimo cambio en su anatomía, por una cantidad de dinero y una tecnología apreciables, ambas, va y cambia el jodido mundo de los demás, disfrutando, probablemente, con ello, sintiéndose mejor, ridículamente mejor (razonablemente mejor, pero no estoy juzgando eso, no estoy juzgándole a él, a su interior, excepto en el paréntesis anterior).
Estos días ando algo mediocre y sin mucho talento ni exigencia.