Aquí va un intento fallido (ver entrada anterior: del 3 de abril):
...dice. ¿Piensa acaso (porque yo, después de los casi cuatrocientos kilómetros que llevábamos recorridos juntos y en los que había estado mirándola casi constantemente, con el paisaje como excusa, venciendo el temor de interrumpirla, de interrumpir su lectura de una de las novelas que más me habían influido, casualmente, a la que más cariño tenía, me atreví bruscamente a pedirle el móvil, inventando la necesidad -al recibir uno publicitario- de enviar un mensaje y la ausencia de dinero en el mío, y ella, que apenas llevaba un hora leyendo, algo absorta, pero que pudo comprobar en los kilómetros anteriores mi insistencia silenciosa, cerró el libro, lo guardó en su mochila, con una lentitud reflexiva, ignoró la torpe petición, comenzó -fue ella la que comenzó, no yo- una conversación que, calmada, extensa, duró lo que restaba de viaje, hasta llegar a los edificios que anunciaban la estación, cuando el movimiento de los demás agrupando sus cosas nos silenció, y que se reanudó después de coger las maletas, al juntarnos al ir hacia el metro, con explicaciones, ahora sí, con algo más de información acerca de nosotros, logré convencerla de que pasara las horas que quedaban para que saliera su avión en mi piso y no se dedicase a dar vueltas en el aeropuerto -tendría la suerte, dije, de no conocer a mis compañeros) que su regreso no será suficientemente próximo?
Por peticiones (seis personas - van aumentando, apunto- han entrado desde google buscando la canción a este visitado blog) pongo la letra:
Esperando a
que me salga boina.
Desbrozando el prado
en su honor.
Es la última boina
y voy a llevarla yo.
Mm, bellota,
brota de mi mano.
Cuatro jotas
y será bastón.
A mi garrota solamente
me agarro yo.
Sentado al sol
mientras mi cachorrilla
baila.
Sentado al sol,
llevando el ritmo sincopao
con el bastón.
Es la última boina
y voy a llevarla yo.
A la fresca
le prendemos lumbre.
Póngase por donde quiera
el sol.
Tengo un borrico
que se llama igual que yo.
No llueven boinas,
no caen del cielo.
No vas rogando por su aparición.
La boina se lleva dentro.
Luego sale, o no.