Estamos tomando café en una terraza. Gema tiene una libreta abierta, donde de vez en cuando apunta algo que no quiere decirme qué es. Tiene aspecto de periodista preparando un artículo o una entrevista. Está con ganas de hablar, además, y cuando acaba con la italo-filipina, quizá pensando erróneamente que no la escucho, que estoy pensando de nuevo en ella sin hacerle caso, me dice que no puedo seguir de ese modo, que la espera es el fin y estar así es casi lo mismo que perderla como amiga, si dices que es lo que más te importa. Lo que decía Camus, que lo otro es una simple desventura; es decir, que no me quiera es lo de menos, que deje de ser mi amiga, o que sea sólo una amiga muy poco presente, es una prueba de mi fracaso, de que tengo que cambiar muchas cosas, de que no valgo nada. Mi mundo es mucho más feo sin ella, con lo maravilloso que ha sido conocerla. Gracias Rubén por lo poco que te importa nuestra amistad, me dice Gema en broma por mi exageración. Habla con ella, que no creo que te odie, aunque a veces seas un poco capullo, Ru, y habría que ver las historias que te montas en tu cabeza. Joder, es que no dejo de darle vueltas a esos dos días y a lo poco que nos hemos dicho después. No sé en qué coño estaba pensando yo. Sentirme necesario para ella de algún modo, el que fuera. Gema parece que se pone a hacer garabatos ahora, con un boli negro que ha sacado de su bolso. Me gustan las manos de Gema y cómo coge el boli. Callamos un momento y luego dice que deberíamos volver al piso dando una vuelta por las calles, paseando tranquilamente, que seguro que nos asalta una de esas iglesias repentinas. Me acerca la libreta para enseñarme el dibujo, con el nombre de ella escrito al lado. En ese, ¿no?, me dice. Después se arregla el pelo con las dos manos a la vez y guarda las cosas en el bolso.
jueves, 22 de octubre de 2015
Los pasos perdidos
Estamos tomando café en una terraza. Gema tiene una libreta abierta, donde de vez en cuando apunta algo que no quiere decirme qué es. Tiene aspecto de periodista preparando un artículo o una entrevista. Está con ganas de hablar, además, y cuando acaba con la italo-filipina, quizá pensando erróneamente que no la escucho, que estoy pensando de nuevo en ella sin hacerle caso, me dice que no puedo seguir de ese modo, que la espera es el fin y estar así es casi lo mismo que perderla como amiga, si dices que es lo que más te importa. Lo que decía Camus, que lo otro es una simple desventura; es decir, que no me quiera es lo de menos, que deje de ser mi amiga, o que sea sólo una amiga muy poco presente, es una prueba de mi fracaso, de que tengo que cambiar muchas cosas, de que no valgo nada. Mi mundo es mucho más feo sin ella, con lo maravilloso que ha sido conocerla. Gracias Rubén por lo poco que te importa nuestra amistad, me dice Gema en broma por mi exageración. Habla con ella, que no creo que te odie, aunque a veces seas un poco capullo, Ru, y habría que ver las historias que te montas en tu cabeza. Joder, es que no dejo de darle vueltas a esos dos días y a lo poco que nos hemos dicho después. No sé en qué coño estaba pensando yo. Sentirme necesario para ella de algún modo, el que fuera. Gema parece que se pone a hacer garabatos ahora, con un boli negro que ha sacado de su bolso. Me gustan las manos de Gema y cómo coge el boli. Callamos un momento y luego dice que deberíamos volver al piso dando una vuelta por las calles, paseando tranquilamente, que seguro que nos asalta una de esas iglesias repentinas. Me acerca la libreta para enseñarme el dibujo, con el nombre de ella escrito al lado. En ese, ¿no?, me dice. Después se arregla el pelo con las dos manos a la vez y guarda las cosas en el bolso.
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