Llevé las infusiones a la mesa, donde ella esperaba sentada. Rodeó la taza con las dos manos, Gema. Nunca me ha gustado pertenecer a un grupo, dijo. Me senté frente a ella. Sonaba un disco que acababa de poner poco antes de que yo llegara. Me refiero... la similitud del lenguaje, esa absurda sensación de comprensión... no sé... No me gusta. El otro día fui a una librería-cafetería... Parecía un buen sitio: llegué a pensar, al principio, en convertirlo en un sitio habitual al que ir. Había un perrito entre las mesas, una buena selección de libros, gente... una chica espectacular con minifalda, una sala de exposiciones en un sótano, vino... Me puse a mirar los libros: buscaba uno en concreto que me habían dicho que, por ahora, sólo lo vendían allí. De vez en cuando sacaba uno y me ponía a leerlo: lo de siempre en una librería. Hablaban, mientras tanto, junto a la barra. Uno contaba: ahora estoy colgando relatos cortos sobre la raíz... Yo estoy con mi tercera novela, trata de... Cosas así. Se levantó, Gema, con las manos el pelo. Después de comprar el libro, bajé, por la sugerencia del vendedor, a ver la exposición: libros abiertos colgando de las paredes. Estaba la creadora de la obra hablando con una de las visitantes: Pues es el segundo sitio donde he expuesto, se me ocurrió... No sé, Rubén, yo salí bastante desencantada con la literatura y con el arte: como si hubieran perdido su valor. Desgastadas. Creo... Me gustan otro tipo de relaciones.
Se quedó callada (juntó los labios, Gema). Apoyó la cabeza en las manos: despuntaron sus ojos, verdes, sobre las mejillas deformadas. Cuando era pequeña me encantaba leer sobre literatura: imaginaba que sería maravilloso, diría, hablar de literatura: explicar lo que una comprendía de cada situación, razonamiento, discutirlo con alguien. Pero la verdad es que ahora me aburre, aunque a veces lo intente.
Me acercó la taza vacía. ¿Te gusta? Sabe cantar. Sí, le dije, se nota que ha leído. Me miró. Para cantar bien hay que leer, le expliqué, o haber vivido, dependiendo del tipo de canción. La voz es un instrumento que precisa tres cosas: afinación y fraseo, como el resto de instrumentos, pero, además, palabras, comprensión de las palabras. No se pueden desligar, normalmente, para un buen cantante. La afinación, incluso, es menos importante que los otros dos factores. Y las canciones, decía, no dejan de ser literatura. Hay que leer, haber leído, para interpretarlas. Claro que a Cesária Évora no le hacía falta leer, ni a Howlin Wolf (no sé sí lo harían). Se levantó y se tumbó en el sofá. Ya. Muy bien. Vente.
Se quedó callada (juntó los labios, Gema). Apoyó la cabeza en las manos: despuntaron sus ojos, verdes, sobre las mejillas deformadas. Cuando era pequeña me encantaba leer sobre literatura: imaginaba que sería maravilloso, diría, hablar de literatura: explicar lo que una comprendía de cada situación, razonamiento, discutirlo con alguien. Pero la verdad es que ahora me aburre, aunque a veces lo intente.
Me acercó la taza vacía. ¿Te gusta? Sabe cantar. Sí, le dije, se nota que ha leído. Me miró. Para cantar bien hay que leer, le expliqué, o haber vivido, dependiendo del tipo de canción. La voz es un instrumento que precisa tres cosas: afinación y fraseo, como el resto de instrumentos, pero, además, palabras, comprensión de las palabras. No se pueden desligar, normalmente, para un buen cantante. La afinación, incluso, es menos importante que los otros dos factores. Y las canciones, decía, no dejan de ser literatura. Hay que leer, haber leído, para interpretarlas. Claro que a Cesária Évora no le hacía falta leer, ni a Howlin Wolf (no sé sí lo harían). Se levantó y se tumbó en el sofá. Ya. Muy bien. Vente.
Te está costando este intento, Ru...
ResponderEliminarG.
Es difícil re-crearte, Gema.
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