viernes, 27 de diciembre de 2024

Entrevista desordenada con Lisboa Martínez

Al escuchar el disco, le digo en algún momento de la conversación, digamos que al principio, que no llevamos ya varias horas bebiendo en las que Rubén oscila entre mirarme a los ojos cuando hablo yo y mirar los vasos que mueve con las manos cuando habla él, esta es una entrevista profesional, yo pregunto y él responde, sin contarle mi vida, él sonríe, a veces con tristeza, y luego responde, o me dice estoy mirando tu pregunta preferida mientras piensa en responder, quiero decir, os vais a creer que esto ha sido así aunque no voy a poner nada de mi parte para que lo hagáis (iba a ordenar, pero qué feo ordenar cuando vamos a hablar del desorden), al escuchar el disco, digo que le decía, he jugado a descubrir qué es lo que considerabas desorden en cada una de las canciones, es decir, el epígrafe con el que se abre le disco ("Sobre los usos del desorden en la música"), invita un poco a ello, lo he entendido como una invitación. Sí, sí, justo, mira, hemos salido de fiesta y os quedáis a dormir en mi casa, no os esperaba, no he limpiado, este es el desorden en el que vivo, perdonad, me justifico, no esperaba vuestra visita, os dejo esta cama, ahí están las guitarras, las canciones, unos libros por aquí y otros por allá, el desorden muestra lo que soy, pensáis, la limpieza y el orden no, os expulsan de mí, de las cosas,  o como cuando toco como si nadie me escuchara, desordenadamente, sin pensar en nadie, en los vecinos, en los convivientes cuando tengo de eso. El nombre, la idea, viene de mi forma de componer y de grabar. Tengo una música por aquí, una letra por allá, por lo que sea, es decir, por el desorden, acaban juntas. O al grabar, aparece un violín, un piano, una especie de acordeón, y se ponen a acompañar a la guitarra, de la que he grabado quince pistas y por casualidad, unas quedan bien con otras, sin planearlo. La idea viene un poco de ahí, aunque después sí que intenté pensar diferentes formas de desorden (la estructura de la canción, la temática, los versos) y hay una invitación a ese juego. Bueno, tengo que decir que creo que es un disco fallido, o sino fallido, al menos un disco que no termina de explotar al máximo las ideas que podría desarrollar, por incapacidad mía, por falta de conocimientos. Pero sí, la idea es la que dices, ensayar diferentes formas de desorden en cada canción. Me hubiera gustado haber jugado más con el ritmo (canciones polirrítmicas) o la tonalidad (canciones politonales, o fuera de totalmente de este sistema), pero carezco de capacidad para eso. Es un campo con posibilidades, diría, pero yo, ya sabes, no tengo ni idea y hago lo que puedo. 

Pero qué entiendes por desorden, le digo en algún momento, esto es una entrevista, contesta, le digo, dime, tienes que hablar, danos una guía, enséñanos tu alma, cuánto le has robado a Richard Sennett. La referencia era sencilla, Lisboa. No sé lo que entiendo por desorden, pero me gustó el librito de Sennett, la idea de lo que propicia cierto desorden en lo urbano. El año que estuve en Boston, que dormí en las residencia de estudiantes del MIT, la pareja de la amiga en cuyo piso me quedé me contó, cuando me estuvieron enseñando el MIT por dentro, que el MIT está diseñado con esa idea, que los ingenieros puedan cruzarse con los filólogos, etcétera, supongo que Sennett tuvo algo que ver en eso. Y desde entonces le fui dando un poco vueltas a la idea del desorden, a sus posibilidades. La limpieza y el orden me expulsan de lo que ocurre, es una forma de matar posibilidades, de crear jerarquías, de opresión quizá. El orden invita a estarse quieto, a no jugar, a ser museo, a la muerte, a la putrefacción del agua estancada, es agua estancada, agua estancada. Y, si hablamos de música, me resultaba divertida la idea de usar el desorden ya que la música se puede entender como ordenar notas en el tiempo, con unas ciertas reglas, más o menos rígidas. El anhelo burgués de "comprender ordenando cualquier cosa que suene y disolver en razón humana la esencia mágica de la música", dijo como si pusiera comillas, como citando no sé a quién, sospecho que todo lo que dijo después sobre la música también lo ha robado del mismo sitio. Las células melódicas están bajo un hechizo, no condenadas, sino impedidas de desarrollarse libremente, sujetas por su tonalidad. Creo que eso no he sabido evitarlo, pero he probado otras cosas. Por ejemplo, huyendo de las cadencias, de buscar la quizá falsa coerción natural del efecto de nota sensible, de cadencia automatizada, las relaciones temporales, la transición, el crescendo, la diferencia entre campo de tensión y campo de resolución, exposición y desarrollo, de pregunta y respuesta, en lugar de resolver la tensión entre música y tiempo hacer una finta a éste; olvidar su tiempo de vivencia, las repeticiones a empellones, crudamente presentes, concebidas como medios para, a través de la estilización de la duración, extirpar de la música la dimensión de la memoria, del pasado protegido; la inversión del dinamismo musical en estatismo, sacar al oyente de los recursos a los que está acostumbrado, no como negación, como su opuesto, sino como si no hubieran existido, como si no los conociera. Lo dice como si lo trajera estudiado pero los vermuts hayan desordenado un poco lo aprendido. 

Háblame del desorden fuera de la música, Rubén. En la canción que has titulado infantilmente "Bolero?" hay un desorden temporal causado por el amor. Hay una frase de Clarice Lispector ("El futuro está hacia el frente y hacia atrás y hacia los costados. No necesitamos tener un orden para vivir") que retuiteaste hace poco que me recuerda a esta canción. Lo que hay aguas abajo afecta aguas arriba, es una cosa de mecánica de fluidos que siempre me ha parecido muy metafórica, si pensamos el río como un flujo temporal. Conocer a alguien puede cambiar tu pasado, hacer que tenga sentido lo que hasta ese momento parecía totalmente inútil, y hacer que tu nuevo pasado, el que surgirá después de conocerla cambia con respecto a lo que tenías antes ("un nuevo pasado sin tu ausencia"). Creo que el amor enriquece por medio del desorden que genera en lo que es tu vida hasta entonces. No sé si enriquecer es la palabra adecuada. No me gusta lo de considerar el amor algo salvador, yo que vivo en un persistente fracaso, pero es evidente que cambia cosas. Quizá también como en la canción "Noche", le digo, en lo que parece una conversación entre una parejita joven en una habitación pequeña en verano. Los días desordenados, de hacer muchas cosas, de dar vueltas juntos y no saber si eres tú o soy yo. 

Como personas humanas que han bebido mucho, hay un momento en que bajo al baño para mear y Rubén se queda con mis cosas. A la vuelta lo veo haciendo fotos a los vasos y a un recipiente con naranjas que teníamos delante. También él, en un momento que intuyo cuidadosamente elegido para no interrumpir la conversación, baja al baño, y sé que se hará un selfie (que más tarde subirá a instagram). A la vuelta, quizá porque me ve un poco parada después de tantas palabras, me hace una pregunta que creo que respondo según lo que esperaba oír (sospecho que se siente muy orgulloso de su capacidad predictiva y no tanto de que él también sea predecible cuando le digo que sé que se ha hecho un selfie). 

Rubén, todas las canciones son de amor, diferentes momentos en una relación, le digo para retomar la entrevista, desde una primera cita al duelo de la separación, pasando por las etapas intermedias divertidas, como en "Noche" o "Bolero?", o simplemente momentos de apoyo como en la canción "Hilo" o de duda como en "Cielo". Bueno, no sé si las calificaría de canciones de amor, creo que son más bien canciones sobre la dificultad de relacionarse con otro, la complejidad más bien. La singularidad, como dices en la probablemente única canción de la historia en que se menciona a Lévinas, le digo. Diría más, dice, la única canción del mundo que resume la filosofía de Lévinas, no sé si con acierto. Quizá en "Las puertas" nos estás contando esto, ¿no?, lo de hablar de cosas sin simplificarlas. Sí, más o menos, es decir, no estoy en contra, pero las canciones directas que dicen "te quiero, no puedo estar sin ti", siempre me han parecido un poco trampa, que no necesitas ni creer en el amor para escribirlas. La obra de arte cerrada hace desaparecer el conocimiento. Creo que en el disco hay dos o tres canciones trampa, pero al menos no son demasiado obvias.

Me hubiera gustado, entre las cosas que no he desarrollado en el disco, haber escrito algo más evidente sobre el desorden político, escapar del sistema, de la jerarquía del sistema, se justifica después de hablar un rato sobre la actualidad política. Quizá, no creo que nadie esté de acuerdo, pero en este desorden amoroso quizá haya algo de político. Me refiero al de mis letras, el desorden amoroso está claro que sí. Me gusta la diferencia no como desviación de una norma, sino como comunidad de diferencias, sin jerarquía, sin clasificación, y es algo que he intentado mostrar, o insinuar, desde mi, probablemente, más o menos normativos intereses. La pasión es desorden, desordenan el amor y se niegan a significar lo que esperábamos de ellos. Es inútil esperar nada de este desorden pues él mismo significa el fin de toda espera, cita en algún momento de la entrevista como si trajera la cita pensada y no hubiera sabido meterla en su discurso. 

Le pregunto por el proceso de composición y grabación y me dice que todas las canciones, como canciones, las compuso este año, pero que las letras, salvo tres o cuatro, son de hace bastantes años. Hay mucho de mí en este disco pero también hay fantasía, nadie debería fiarse mucho de las letras. Me cuenta que para "Bembibre" y "Catania" estuvo meses para escribir las letras, pero que los títulos los tuvo claros desde el principio. Quería titular las canciones así. En Bembibre tenía claro incluso que quería usar como referencia ese libro que me recomendó una amiga para cubrir la temática del duelo. Le fui dando un poco de vueltas, al principio era una conversación en una plaza con un anciano al que el protagonista le cuenta su duelo pero luego lo convertí en una conversación grupal en una chimenea. Junto con "El hilo", con cuya frase musical he estado jugando durante lustros e incluso décadas, son las que más me ha costado terminar. 

Cuando salimos, me acompaña tontamente hasta la parada de metro, nos abrazamos, y se vuelve, según me dice, andando a su casa. 

El disco

lunes, 28 de octubre de 2024

Canciones desordenadas de Rubén Matías, de Lisboa Martínez




Quedamos a las cinco y media de la tarde en el bar de Germania, para hablar de su sexto disco, el segundo de una Trilogía que de momento llama Trilogía Mejorable, compuesta del primer volumen Canciones Insulsas (2023), de este segundo volumen Canciones Desordenadas (2024) y de un tercero que con casi total seguridad se llamará Canciones Descuidadas. Tengo títulos para hacer hasta una heptalogía con adjetivos que pondría a mis canciones, pero creo que no debería abusar de la idea, me dirá durante la entrevista.

El pasado jueves 29 de diciembre me escribió para adelantarme las canciones del nuevo disco y para, como es costumbre ya, quedar para hablar del disco, y para vernos después de demasiadas semanas intolerables sin vernos.

Antes de quedar con él escribí este texto, como una especie de crítica recogiendo las ideas iniciales que me había sugerido el disco después de algunas escuchas y como punto de partida para la conversación, sin fijar, sin ordenar las ideas. 

El disco está compuesto de doce canciones y cinco piezas instrumentales en las que, de forma similar a como hiciera en Canciones Insulsas, ensaya diferentes formas de escribir canciones desordenadas, a la vez que, de forma un tanto imprecisa, apenas insinuada, casi como broma, habla un poco del desorden en algunas canciones. Las piezas instrumentales las llama hilos, como hiciera en el disco Los alambres (2020) con los alambres (con el que también tiene en común el uso de collages para acompañar las canciones en el diseño gráfico, realizado esta vez con acierto y delicadeza por el estudio hispano-alemán Diseño Caótico S.L.), para separar diferentes tramos del disco a la vez que para unirlos, amarradas las canciones como hatillos de paja. Las canciones están identificadas como Canción Desordenada y un número (ver listado al final), aunque todas tienen un subtítulo y hay que entender esto simplemente como el juego que da unidad al disco.

En un primer vistazo todas las canciones parecen tener temática amorosa, en las que se tratan diferentes fases en una relación amorosa, sin que haya aparentemente un hilo narrativo ni parezcan protagonizadas por las mismas personas. La primera canción parece tratar sobre una primera cita un tanto filosófica, conversacional, llena de palabras que no nos enseña. Musicalmente es la canción más pop del disco: presenta una estructura melódica más convencional en comparación con otras canciones, con un elegante arreglo de guitarras eléctricas que se muestran desordenadas junto a la también desordenada batería, que aparece y desaparece y emplea diferentes ritmos, quizá incluso de forma equivocada. La segunda canción, inocentemente erótica, también de corte pop, esta vez acústico, y acompañada con un sutil piano, desordenado como el desarrollo de versos y estrofas, se muestra como un instante de elevada felicidad amorosa, que parece fundir pasado, presente y futuro en un solo instante. El segundo tramo del disco tiene las canciones con la mayor libertad, desorden quizá, en la composición de las letras. Muchos versos desmedidos, parecen más poemas de verso libre convertidos en canciones que canciones, en los que se trata la dificultad de las relaciones, la complejidad, el duelo. El siguiente tramo contiene una canción bastante medida (¿el desorden está solo en el uso del piano?), subtitulada El hilo y que quizá aparece en el centro con toda intención, otra canción de versos desordenados pero con estribillo pop sobre una conversación nocturna no sé muy bien si con buen final o mal final, una canción casi bailable en la que se listan palabras desordenadamente de forma infinita que parece insinuar una historia y una canción sin mucho sentido que suena a Nacho Vegas, un jueguecito titulado Catania que no sé si trata de algo o es simplemente una canción titulada Catania porque ha decidido que suceda en Catania (como la canción sobre el duelo, titulada Bembibre de forma bastante artificial). En el último tramo una canción que responde a la primera, subtitulada como un libro de Céline, con unas guitarras sutiles y fantasiosas, y otra sobre el fracaso más incontestable.

Tres de las piezas instrumentales son variaciones sobre el tema principal de la canción El hilo (probablemente, desde el punto de vista musical, lo más inspirado del disco). Las otras son piezas electrónicas, diría que incluso bailables. Algunas de las otras canciones también tienen toques electrónicos. Cierra el disco una preciosa versión con un auténtico violín.

Al salir del metro encuentro a Rubén esperándome con una sonrisa idiota. En el café pedimos dos cafés por no complicar mucho a la camarera y, mientras nos los bebemos, hablamos de varios asuntos personales. Al acabar los cafés cambiamos a un sitio en el que pasar cinco horas seguidas hablando de forma desordenada, sin concesiones, sin demasiadas máscaras, sin movimientos de ajedrez. Lo que publicaremos la semana que viene es un intento de ordenar esa conversación, incluyendo solo lo relativo al disco. Puede que algunas de las preguntas no hayan sido formuladas como tal, pero las respuestas son todas dichas y validadas por Rubén. 

1.Abro hilo 01:22
2.Canción desordenada nº29 02:40
3.Canción desordenada nº9 02:50
4.Hilo musical 01:17
5.Canción desordenada nº47 04:11
6.Canción desordenada nº3 04:26
7.Canción desordenada nº91 01:14
8.Canción desordenada nº14 05:50
9.Hilo musical 01:13
10.Canción desordenada nº5 05:17
11.Canción desordenada nº8 03:09
12.Canción desordenada nº11 05:14
13.Canción desordenada nº36 05:27
14.Hilo musical 01:16
15.Canción desordenada nº7 02:32
16.Canción desordenada nº28 01:30
17.Cierro hilo 01:30