Porcia: ¡Cuántas cosas deben su verdadera perfección y sus alabanzas legítimas a la oportunidad de las circunstancias!
Información irrelevante:
Cruce de calles. Calle principal: un parque con olivos a un lado y un hotel rosado al otro; una parada de autobuses; pocos coches circulando: los pocos aparcamientos, del lado del parque, llenos; un paso de peatones por donde cruza una veinteañera. Calle que desemboca en la principal: se ven dos jóvenes caminando. Sol, cielo azul, buena temperatura. Se ven también un par de viejos y un perro. En el parque: niños jugando en unos columpios, una barca, botijos gigantes. El mar al fondo. Palmeras. Eucaliptos. Balcones del hotel con algunos ingleses blancos o rosados, como el hotel. Las cinco de la tarde.
Cruce de calles. Calle principal: un parque con olivos a un lado y un hotel rosado al otro; una parada de autobuses; pocos coches circulando: los pocos aparcamientos, del lado del parque, llenos; un paso de peatones por donde cruza una veinteañera. Calle que desemboca en la principal: se ven dos jóvenes caminando. Sol, cielo azul, buena temperatura. Se ven también un par de viejos y un perro. En el parque: niños jugando en unos columpios, una barca, botijos gigantes. El mar al fondo. Palmeras. Eucaliptos. Balcones del hotel con algunos ingleses blancos o rosados, como el hotel. Las cinco de la tarde.
-Oh! ¡Bendito sea el dios que nos hizo tan estúpidos y nos dio la capacidad de disfrutar del placer de apreciar la arbitrariedad de las formas!
-¿Qué coño dices, Juan?
-¿Es que acaso no estás viendo esa adorable forma llena de tan innumerables atributos que sería incapaz de enumerarlos sin perder la fuerza de la voz, y aún del ánimo?
-¿Cómo?
-Joder, mira la muchacha que camina por aquella acera.
-¡Joder! ¡Vaya, vaya! ¡Cómo le quedan esos pantalones de tela!¡Vaya perfección, macho!¡Y tú preocupándote de la arbitrariedad de nuestros placeres!
-No, tío, yo disfrutaba de esa arbitrariedad.
-Cierto, pero reflexionabas sobre ella: no la dejabas adueñarse de ti.
-Bueno, hay tiempo para todo.
-Ya se va...
-Se oculta detrás de esos edificios tan poco conmovedores: nos deja tan sólo su recuerdo, tan magnífico a la vez que insuficiente; tan dulce como doloroso; tan metafísico como animal; tan tenue como intenso; tan reparador como destructivo. Oh, circunstancias, que jugáis conmigo...
-Qué buen gusto tenía: qué acertada esa tela: mostrando la frescura de sus formas, libres al movimiento, al ligero temblor... Difícil de olvidar, la chica, la verdad.
-..que me dejáis desamparado entre el placer de haberla mirado y poder alabarla...
-Hay que agradecérselo, cierto.
-...y el dolor de perderla. Oh!, cuánto daría por permanecer para siempre en ese momento.
-No es malo tu pensamiento, Juan, si quisieras sufrir como Tántalo.
-...y el dolor de perderla. Oh!, cuánto daría por permanecer para siempre en ese momento.
-No es malo tu pensamiento, Juan, si quisieras sufrir como Tántalo.
-Ah! tiempo, que nos obligas a amar al pasado, apreciar el presente, para poder valorar el futuro, y sin embargo nos los robas constantemente. Oye, ¿cómo está la nevera de tu casa?
-Bien, adecuadamente llena.
-Perfecto. Podemos esperar allí, mientras.
-Sin arrepentimiento, Juan, que te conozco.
-Bien, adecuadamente llena.
-Perfecto. Podemos esperar allí, mientras.
-Sin arrepentimiento, Juan, que te conozco.
Evidentemente, el texto no es un ejemplo de la intervención de Porcia...
ResponderEliminarLo escribí sólo por imitar ese lenguaje, por otro lado.
...no pretende ser un ejemplo...
Eliminar