domingo, 8 de abril de 2012

Valoraciones (ocurrencia)

Porcia: ¡Cuántas cosas deben su verdadera perfección y sus alabanzas legítimas a la oportunidad de las circunstancias!

Información irrelevante:
Cruce de calles. Calle principal: un parque con olivos a un lado y un hotel rosado al otro; una parada de autobuses; pocos coches circulando: los pocos aparcamientos, del lado del parque, llenos; un paso de peatones por donde cruza una veinteañera. Calle que desemboca en la principal: se ven dos jóvenes caminando. Sol, cielo azul, buena temperatura. Se ven también un par de viejos y un perro. En el parque: niños jugando en unos columpios, una barca, botijos gigantes. El mar al fondo. Palmeras. Eucaliptos. Balcones del hotel con algunos ingleses blancos o rosados, como el hotel. Las cinco de la tarde.

-Oh! ¡Bendito sea el dios que nos hizo tan estúpidos y nos dio la capacidad de disfrutar del placer de apreciar la arbitrariedad de las formas!
-¿Qué coño dices, Juan?
-¿Es que acaso no estás viendo esa adorable forma llena de tan innumerables atributos que sería incapaz de enumerarlos sin perder la fuerza de la voz, y aún del ánimo?
-¿Cómo?
-Joder, mira la muchacha que camina por aquella acera.
-¡Joder! ¡Vaya, vaya! ¡Cómo le quedan esos pantalones de tela!¡Vaya perfección, macho!¡Y tú preocupándote de la arbitrariedad de nuestros placeres!
-No, tío, yo disfrutaba de esa arbitrariedad.
-Cierto, pero reflexionabas sobre ella: no la dejabas adueñarse de ti.
-Bueno, hay tiempo para todo.
-Ya se va...
-Se oculta detrás de esos edificios tan poco conmovedores: nos deja tan sólo su recuerdo, tan magnífico a la vez que insuficiente; tan dulce como doloroso; tan metafísico como animal; tan tenue como intenso; tan reparador como destructivo. Oh, circunstancias, que jugáis conmigo...
-Qué buen gusto tenía: qué acertada esa tela: mostrando la frescura de sus formas, libres al movimiento, al ligero temblor... Difícil de olvidar, la chica, la verdad. 
-..que me dejáis desamparado entre el placer de haberla mirado y poder alabarla...
-Hay que agradecérselo, cierto.
-...y el dolor de perderla. Oh!, cuánto daría por permanecer para siempre en ese momento.
-No es malo tu pensamiento, Juan, si quisieras sufrir como Tántalo.
-Ah! tiempo, que nos obligas a amar al pasado, apreciar el presente, para poder valorar el futuro, y sin embargo nos los robas constantemente. Oye, ¿cómo está la nevera de tu casa?
-Bien, adecuadamente llena.
-Perfecto. Podemos esperar allí, mientras.
-Sin arrepentimiento, Juan, que te conozco.

2 comentarios:

  1. Evidentemente, el texto no es un ejemplo de la intervención de Porcia...
    Lo escribí sólo por imitar ese lenguaje, por otro lado.

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