...habrá que mencionar a Valente, de nuevo, por si acaso...
Qué tierna dejadez en el gesto
o qué salvaje belleza
de los labios tras el grito;
acaso los movimientos del aire,
alguna repetición indecisa
o la intemperie ante unos ojos
imprevistos;
o provocar las palabras necesarias
y abandonarse a la sencillez del delirio,
gata despreocupada en un rincón.
O regresar al temblor,
a la terca inquietud del espejo,
y calcular las caricias
y el futuro hablado
compartiendo cercanías,
y descubrir que no soy yo,
que no estoy allí,
aceptado y necesario,
sino en este rincón,
ovillo sin colores.
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