domingo, 29 de abril de 2012

Tras el último no va nadie

Iba a poner un poema que escribí para Myriam (La belleza o la herida), pero no logra convencerme: yo quería que tuviera una evidente influencia de Aleixandre y me ha salido muy narrativo (casi descripción real de la escena, con algunas partes líricas bastantes sobrantes y carentes de significado). Curiosamente, cantando hoy por casualidad, por simple gusto o por alguna asociación de ideas, al pensar en Aleixandre quizá, un soneto de Gerardo Diego al que le puse un par de acordes, más o menos, hace unos años, me he dado cuenta que este soneto describe bastante perfectamente, aunque quizá haya una clara diferencia importante, otro momento de aquel día en que le dió por hacerme preguntas, a Myriam -en esta ocasión, este último momento, digo, callada.

Para no abandonarme demasiado pondré en su lugar una crítica conjunta a dos animados discos.

Tras el último no va nadie, pensé, dolido, al salir, y decidí escuchar el disco mientras regresaba al piso andando, ya que llevaba el mp3 aquel día en la mochila en contra de mis costumbres (nunca escucho música por la calle).

miércoles, 18 de abril de 2012



De vez en cuando busco a Carlos Barral (por lo olvidado que está como poeta) en Twitter y siempre salen esto versos (nuevas, diferentes, menciones a estos versos), que apunté, hace algunos años, debajo de un poema suyo -Incidente corporal- que copié en una libreta la primera vez que lo leí:

...el miedo tan extraño,
decrépito, infantil,
                           peor que lo temido.

(...mientras llega el siguiente, me justifico...)

lunes, 16 de abril de 2012



Ahora me entero que esta tía: http://rdmmu.blogspot.com.es/2010/06/lo-de-mas.html es una famosa modelo (en Alemania, al menos). La esposa de Schweinsteiger.

domingo, 8 de abril de 2012

Valoraciones (ocurrencia)

Porcia: ¡Cuántas cosas deben su verdadera perfección y sus alabanzas legítimas a la oportunidad de las circunstancias!

Información irrelevante:
Cruce de calles. Calle principal: un parque con olivos a un lado y un hotel rosado al otro; una parada de autobuses; pocos coches circulando: los pocos aparcamientos, del lado del parque, llenos; un paso de peatones por donde cruza una veinteañera. Calle que desemboca en la principal: se ven dos jóvenes caminando. Sol, cielo azul, buena temperatura. Se ven también un par de viejos y un perro. En el parque: niños jugando en unos columpios, una barca, botijos gigantes. El mar al fondo. Palmeras. Eucaliptos. Balcones del hotel con algunos ingleses blancos o rosados, como el hotel. Las cinco de la tarde.

-Oh! ¡Bendito sea el dios que nos hizo tan estúpidos y nos dio la capacidad de disfrutar del placer de apreciar la arbitrariedad de las formas!
-¿Qué coño dices, Juan?
-¿Es que acaso no estás viendo esa adorable forma llena de tan innumerables atributos que sería incapaz de enumerarlos sin perder la fuerza de la voz, y aún del ánimo?
-¿Cómo?
-Joder, mira la muchacha que camina por aquella acera.
-¡Joder! ¡Vaya, vaya! ¡Cómo le quedan esos pantalones de tela!¡Vaya perfección, macho!¡Y tú preocupándote de la arbitrariedad de nuestros placeres!
-No, tío, yo disfrutaba de esa arbitrariedad.
-Cierto, pero reflexionabas sobre ella: no la dejabas adueñarse de ti.
-Bueno, hay tiempo para todo.
-Ya se va...
-Se oculta detrás de esos edificios tan poco conmovedores: nos deja tan sólo su recuerdo, tan magnífico a la vez que insuficiente; tan dulce como doloroso; tan metafísico como animal; tan tenue como intenso; tan reparador como destructivo. Oh, circunstancias, que jugáis conmigo...
-Qué buen gusto tenía: qué acertada esa tela: mostrando la frescura de sus formas, libres al movimiento, al ligero temblor... Difícil de olvidar, la chica, la verdad. 
-..que me dejáis desamparado entre el placer de haberla mirado y poder alabarla...
-Hay que agradecérselo, cierto.
-...y el dolor de perderla. Oh!, cuánto daría por permanecer para siempre en ese momento.
-No es malo tu pensamiento, Juan, si quisieras sufrir como Tántalo.
-Ah! tiempo, que nos obligas a amar al pasado, apreciar el presente, para poder valorar el futuro, y sin embargo nos los robas constantemente. Oye, ¿cómo está la nevera de tu casa?
-Bien, adecuadamente llena.
-Perfecto. Podemos esperar allí, mientras.
-Sin arrepentimiento, Juan, que te conozco.