Probablemente recordéis la reseña que publiqué a finales del año pasado con la crítica a un disco titulado igual también del músico y guitarrista Rubén Matías. Ese disco, que por diversas contingencias dentro de la discográfica que no se han terminado de aclarar no llegó a publicarse a pesar de que se distribuyeran copias entre algunos periodistas para reseñas que terminaron publicándose, ve ahora por fin la luz con algunas variaciones respecto a la primera versión. Como ya comenté en la anterior reseña, Rubén Matías regresa después de tres años con un álbum que se pretende más comercial y, aunque se puede ver cierta mejora respecto a la primera versión, no tan inspirado como su álbum anterior (Mejor Callado, 2017). En este nuevo intento se nota una mayor atención en conseguir un álbum más compacto, en el que las canciones se sienten más cómoda entre ellas. Para vertebrar el disco siguen estando tres alambres que ahora se han convertido en tres piezas instrumentales, desapareciendo del disco los tres anteriores alambres cuyo mayor defecto era haberse olvidado de ser canciones y con acompañamientos más caóticos que novedosos, como escribí en aquella ocasión. El primer alambre es una pieza eléctrica a la que probablemente le sobre un minuto pero que resulta una buena, aunque engañosa (ya que el disco no va a seguir por esos caminos), entrada al disco. El segundo alambre es un enredo de guitarras y piano con un motivo musical entrecortado del que cuesta salirse. En el tercero un ritmo repetitivo al ukelele sirve para algunas improvisaciones con la española, en un tema alegre y corto. Entre los dos primero alambres, tres canciones que ya estaban en el anterior (copio lo que ya escribí, pues mantengo la misma opinión): El mar, el mar cancioncilla juguetona e infantil, cuya letra quizá refleje la propia variabilidad de las diferentes escuchas del disco y del propio sentido de las letras. Continúa con Follas Novas y Muita Audacia, en gallego y brasileño; la primera un poema de Rosalía de Castro, un romance quizá, que trae un tema que no deja de estar de actualidad. La canción brasileña, con un muy ligero toque de bossanova y quizá de milonga, bien podía tratar de todos los romances que no llegaron a ser pero que no supusieron una pérdida para la otra parte o tratar sobre la prostitución.
En el segundo tramo del disco, entre el segundo y el tercer alambre, se han mejorado dos de las canciones y se han añadido dos nuevas que no aparecían en la anterior versión. Rien Dit, que parece continuar con los problemas de amor, y Tema interesante (con cambio de título) mejoran claramente con las nuevas grabaciones, especialmente Tema interesante, cuya instrumentación ya no resulta recargada y que tiene un solo de eléctrica bastante adictivo. El trasfondo político del disco que se notaba especialmente en esta última canción, se ve reforzado con dos nuevas incorporaciones. Hacéis esto así asá y despacio, la canción más desnuda del disco (apenas voz acompañada de un rasgueo sencillo de guitarra y punteos puntuales, si me permiten, de una segunda guitarra) y con una letra bastante malintencionada. Dónde ceno es probablemente la canción más pop y redonda del disco, con un acompañamiento de guitarras bastante cuidado salvo en algunos punteos en los que se nota la improvisación. Cierra el disco de nuevo Buena vida (copio también lo que ya dije), otra cancioncilla al estilo de El mar, el mar y con Skip James como espejo en el que mirarse hasta llegar a la coda final casi de festival de verano, emparentada con sonidos como el de How hard I try de Filous. Antes de este cierre, otra nueva canción (en un idioma que podría considerarse gallego) que se pretende melódica al estilo del indie español y en la que únicamente suenan guitarras eléctricas por segunda vez en el disco.
Una de las cosas en la que la mejora sí que resulta indiscutible, es el nuevo diseño gráfico, con unas bellísimas imágenes que acompañan a las letras en el libreto del disco. En definitiva, un álbum mejorado, menos irregular que en su primera versión, con letras que cada vez me resultan más engañosas, pero que sigue siendo algo decepcionantes, incluso para lo que podríamos esperar de un autor del nivel (tan bajo) de Rubén Matías.