miércoles, 19 de octubre de 2011

El desencanto de unos ojos negros



(Si hubiese subtítulos en el fotograma, en amarillo, por ejemplo, en español, por utilizar algún idioma, se podría leer el reproche: Me hablas con palabras; en alemán se leería otra cosa, imagino, apunto, e incluso en francés, diría, con diferentes grados de dureza o dulzura)

De las dos explicaciones, una no será mía. La primera es simple: un hecho: en el único autobús madrileño que aparece en la obra de Onetti: lo sé porque ya me montaba regularmente en él cuando lo leí entre sus páginas, perfectamente olvidable: después de un año, y ahora con los mismos ojos, la misma mancha en el pecho, pero un corte de pelo diferente, tardé en reconocerla: estaba menos llamativa: al principio ni me fijé, luego lo supe, le mostré sin palabras, sacaba el móvil, leía una revista, a veces comprobaba, también me reconocía, pensé en alabarle su pelo negro, un comentario, coincidimos cuatro veces el mismo día: nos subimos en la misma parada dos veces, nos bajamos en la misma parada dos veces: no me atreví: en las dos ocasiones, al cruzar la calle, ella en otra dirección, me recuerdo, aún, dos días, el paso de cebra, el monólogo, las palabras que no le dije, pensando: el desencanto de unos ojos negros. En estos días se me ocurren demasiadas frases poéticas, y tengo demasiados deseos de escribir: por suerte, me contengo; de agradecer, claro: acudo a Becquer, que se negaba al paroxismo literario, las horas de espera, acudo a Sciascia, al pintor de Todo Modo, los deseos de pintar que no debían realizarse, los que tenía la mayoría de gente: un crepúsculo, tan aburridos, por cierto, últimamente, no debe pintarse, muchas frases, explico una, otras las callo, y la lectura de Lihn, algo inferior a lo esperado, menos numerosas, el recuerdo de José Agustín Goytisolo. Y textos, no todo es poesía, aunque ahí está el mayor problema ahora. O Alberto Olmos, cuya obra representa el camino que no hay que seguir (las ideas que tenemos las realiza, nos muestra que no merecían la pena, que ya no son válidas, si alguna vez lo fueron): publicó Ejército Enemigo, la misma novela, con diferente trama, diferentes temas, diferente estilo, imagino, no lo sé, a pesar de la portada, pero exactamente la misma novela que El talento de los demás, informo, fuera de mi tema, donde da a la solidaridad el mismo valor que al talento, la misma idea en el fondo, habla sólo de cómo cree que tratamos esos dos conceptos como sociedad, como seres sociables, no de lo que son, pienso, tres o cuatro ideas  en una conversación de bar, una pensión, cafebarlapiedra (donde sí hay que fijarse), después de algunas páginas regaladas, publicas, gratuitas, y sólo intuición, no pensamiento, que no estamos para eso: máquinas hidráulicas, calor, termotecnia... Que también hay ideas en las poesías, advierto, en los fulgores que con acierto no llevo a ningún sitio, que callo... pero que sólo son placer verbal, versos poéticos sin capacidad de poema. 

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