jueves, 5 de enero de 2017

Inquilinos

No escribas más, no vuelvas a poner el contrabajo contra la pared, no desees nada, no le digas te quiero a alguien que nunca lo oye, pon la cuarta cuerda en su sitio, llama a Gema, invéntate otra cosa, una vida que nunca deja de ser interesante, dos personas nuevas, que se abren o se cierran y no se imaginan lo que no es porque comprenden, me escucha Gema, que sabe que hablo de decepción, que sabe que no sé culpar a los demás, a otras cosas, a la sociedad, a mi costumbre de desconocer el momento adecuado, las oportunidades, cada uno baila como quiere, me dice Gema, que recuerda que el año pasado andábamos por la orilla recapitulando las gilipolleces del año anterior y arrepintiéndonos de cosas que no hicimos sabiendo que nunca nos hubiera gustado hacerlas.

Me dice que me calle, que ya hablaremos por la tarde, no vaya a quedarme sin nada que decir luego. Dejamos de hablar y continúo imaginando instrumentos musicales que no tengo y situándolos de cualquier manera contra las paredes de la habitación, sobre la cama o los muebles, en el suelo con ropa que no es mía cubriéndolos, o incluso colgando del techo o unos sobre otros. Cuando me doy cuenta, ya casi no hay espacio para mí en la habitación y tengo que levantarme de la cama y salir de la habitación: despertar y dejar de pensar tonterías.

Hace frío fuera, pero se vive. 

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