domingo, 4 de diciembre de 2016

Sombras

Durante la vida no se tienen más de una decena de interlocutores; independientemente de con quién estés hablando, todo va dirigido a esas pocas personas, y en tu caso es muy evidente, me dice Gema. Desde hace unos dos años, todo lo que dices lo haces pensando en que tu amiga te está escuchando, o te está leyendo, como intentando demostrarle algo o intentando explicarle cosas, tu comportamiento y todo eso, lo horrible que eres. En los discursos políticos también se ve muy claro, incluso en los debates, nunca se dirigen al que está escuchando físicamente. O artículos en periódicos con sus claves internas. Luther King no dio su discurso para los negros, sino para que lo oyeran los blancos, diría así un poco sin pensar mucho. Aunque ellos lo hacen con sus intenciones políticas, pensando en la repercusión que tienen sus palabras en la opinión publica, en las posibles reacciones; tú lo haces por tu evidente estupidez: nada de lo que dices llega a tus interlocutores, sólo es la necesidad de decirlo. Pero bueno, decía que lo hace todo el mundo, me dice. Sólo que contigo me resulta muy fácil identificar tus interlocutores, tu hermana, tu amiga, yo, tus padres, tu perro, Silvio, quizá tu primo o alguno de tus seguidores favoritos de tuiter... Eres muy simplón, Ru. Sin olvidarme de ti, que ya me has hablado muchas veces de tu técnica de decirles cosas para obligarte a hacer algo que no te apetece. Eres tu interlocutor preferido.

Sí, estamos en el centro, rodeados de gente con bolsas y con luces iluminando el camino que debemos tomar. Dicen. Y fuimos peatones por donde el tráfico y buscamos algún sitio donde comer. 

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