...you could understand something only if you did not desire it...
A mí lo que me interesan son las manos,
por eso no me fijé en el libro que sacaste para nada,
porque lo dejaste junto a ti sin tocarlo,
y no me fijé en tu voz que hablaba de cosas inasibles
ni me fijé que yo estaba aún allí.
Me fijé en tus manos, entonces,
en la tecnología que te alejaba de mí
o en el perro que se acercó a saludarte
consciente de que hay cosas que no se agotan
y que pueden compartir instantes.
Lo entiendo todo a partir de ellas,
quizá porque nunca supe ser directo
o porque nunca he entendido nada,
ni tú tampoco has entendido nada.
Estábamos sentados al lado
y estábamos como siempre en sitios distintos:
tú tan humana, tan joven, y yo apenas literatura,
hablando de amistad en mi teatro sin público
con el silencio que tan poco soportas.
Y ahora pienso en tus manos,
en todas esas cosas que nunca les veré hacer,
como construir el deseo o la música
(con tu encanto infantil y tu seguridad adulta),
y en cómo se tejen las complicidades,
como las manos de los amantes que ya han follado
o los besos de aquella película,
y pienso en nuestra despedida
y recuerdo mis manos y sus gestos inútiles,
como tocar la guitarra para mi, como encerrarlas en los bolsillos
y recorrer la ciudad como si fuese el siglo veinte
y en una de sus calles estuvieses tú
desvelando con tus manos todo lo que nunca he sido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario