...me haré insignificante, todavía más niño a tus orillas...
...es que de dónde, por dónde, en qué orilla?...
Deberíamos recapitular o algo, dice Gema, y no se refiere a lo de esta noche, al ridículo que habremos hecho en algún momento, a las tonterías dichas o a los bailes en casa de unos amigos. O los propósitos de este año o recapitular, lo que prefieras, que no te he escuchado mucho en toda la noche, me dice mientras caminamos por Velilla pegados al mar, que se balancea menos de lo que parece, para llegar a mi casa. Lleva un vestido negro, los zapatos en la mano, camina descalza, y el pelo, otra vez corto después de tanto tiempo, despeinado. La imagino asturiana, despreciando el frío del sur con su piel blanca desprotegida. Los ojos verdes no son los de quien no ha dormido en más de veinticuatro horas. Si ya sabes lo que voy a decir, en quién pienso, y ha sido un año de mierda, Gema, para qué me preguntas. Gema se ríe; sabe que es la única persona con la que dramatizo, infantil, que aunque sea sincero no le doy tanta importancia, que me sienta bien contarle estas cosas (como si las escribiera). Ya no es que esté enfadada, es que seguro que me considera gilipollas o incluso despreciable y ya ni le importo, ¿cómo voy a confiar en mí si estoy de acuerdo con ella?, voy diciendo con el complicado andar junto a la orilla. La verdad es que no sé por qué a ti sí te gusta estar conmigo; hay por ahí muchas descompensaciones que debería revisitar y aclarármelas, pero es que significa tanto para mí, digo con cierto patetismo. Eres cobarde hasta para abandonar, Ru, me dice en la playa vacía, cerca ya del Tesorillo y con el sol despuntando por Salobreña. Y me empieza a hablar de su regreso a Madrid, de su trabajo, de lo cómoda que se siente con sus nuevos compañeros, de los problemas que ha tenido su familia este año. Para Gema no existe la derrota, sin necesidad de acercarse a esas filosofías baratas e inaguantables, y escucharla hablar de sí misma las pocas veces que lo hace (imagino que continúa borracha, aunque soy incapaz de encontrar otro detalle que lo muestre) resulta siempre interesante. La forma de encajar lo bueno y lo malo. A ver si se me acaba pegando un día algo de ella, pienso. Gema anda ahora con los pies metidos en el agua. Cuando lleguemos a tu casa cogemos unas toallas y venimos a darnos un baño, que está buenísima, dice Gema saliéndose del agua para subirse a las rocas donde está la atalaya, en las que nos sentamos para terminar de ver salir el sol.
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