Un profesor de Física de la Universidad de G., con un expediente más bien mediocre, realiza una ponencia en un congreso de Física a la que no acude nadie salvo una joven, Raquel, doctoranda de física y divulgadora amateur. En esa ponencia, que da para Raquel como si hubiera estado repleta la sala, anuncia que ha descubierto que el fin del universo se producirá dentro de 63 años, y cuenta de forma didáctica y resumida sus estudios. Raquel, brillante estudiante de física, comprende que no se encuentra ante ningún loco y le pide que le deje revisar sus estudios detenidamente. El profesor, ya mayor, anticuado y alejado de las formas actuales de investigación, de la ciencia como técnica y no conocimiento, de esa forma vacía de progreso, y del prestigio de los papers citados, una vez que Raquel comprende que su estudio es jodidamente cierto, es ayudado por la joven y su novio, ambos amantes de las redes sociales, para dar a conocer su trabajo a científicos, periodistas, gobiernos.
A partir de este hecho, Marta Sanz construye una fantástica novela con dos partes muy diferenciadas, en la que abundan ideas interesantes y un siempre certero uso del lenguaje y del desarrollo narrativo. En la primera, aprovechando el intento de dar a conocer el descubrimiento sin que se lo tomen a broma, se hace un análisis brillante y afilado de la sociedad actual tan horriblemente centrada en relaciones blandas, en la que opinar significa posicionarse (poner la foto de un lacito en el perfil de las cuentas de las redes sociales o ponerle un filtro de bandera francesa a esa foto) y nunca dialogar, con una absoluta falta de empatía, y adentrándose, a través de la figura del profesor, en el significado actual del éxito y de la inteligencia, más vista actualmente como adaptación al medio cuando quizá podría considerarse justo como lo contrario, como resistencia a determinados cambios o como construcción de una personalidad propia. El profesor, a pesar de realizar el trabajo más revolucionario y brillante desde la obra de Einstein, y también el más terrible de la historia, es atacado y vilipendiado en esta primera parte cuando empieza a ser conocido, siendo objeto de burlas y memes en las redes sociales, y también es atacado por investigadores y pensadores y tertulianos.
Otro de los temas que vertebra esta primera parte es el del pensamiento positivo, que surge a partir del curioso optimismo de Raquel a la hora de creer que se conseguirá convencer a la humanidad del cercano fin del universo (lo que también plantea algunas cuestiones filosóficas, éticas, sobre la necesidad de dar a conocer este hecho, que el profesor de física, sólo preocupado de sus estudios, no llegó a plantearse hasta encontrase con los jóvenes, Raquel y su novio, en diálogos que son lo mejor de esta primera parte del libro), como parte fundamental de la ideología de Silicon Valley: ese pensamiento positivo que hace sentir culpables a todas las personas que padecen de este sistema de pobreza, de desigualdad, falta de vivienda, incluso de enfermedad, porque se les recrimina indirectamente el no haber tenido la suficiente reacción buena y positiva para salir adelante y superar estas adversidades. Esa especie de buen rollismo colectivo que la autora imagina totalmente aterrador y en el que mete a la inocente Raquel.
En la segunda parte, más coral, aunque también centrada en los preciosos ojos de Raquel y en los preciosos ojos de su novio y en la elegante calva del profesor, y en la singular inteligencia de Raquel y del profesor, no así la del novio, menos brillante, una vez que ya es aceptado por todos los científicos, los gobiernos, las personas, que lo del fin del universo es real e inevitable, que no hay la más mínima opción o esperanza de su persistencia, se adentra la autora más en la descripción del alma humana, desde un punto de vista moral y filosófico, en los diferentes comportamientos a los que lleva la certeza de esperar 63 años a que se acabe todo, tomando quizá como referencia la obra de Camus y en especial de su novela La peste. ¿Será la humanidad capaz de esperar esos años sin destruirse? ¿Cómo se comportarán los que nazcan después de ese 16 de julio? ¿Y los gobiernos, servirán de algo? ¿Habrá algún científico que intente buscar alguna solución? ¿En qué se puede creer en una situación así?
En definitiva, en esta ambiciosa novela Marta Sanz consigue crear una obra literaria asombrosa, completa, brillante y excelentemente escrita. La mejor novela de los últimos 20 años. Léanla (si pueden). (*****)
(Hay cachos robados de una entrevista de Anna María Iglesia a Marta Sanz)

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