miércoles, 20 de enero de 2016

No Code, Pearl Jam

Me pide el redactor jefe que rescate un disco de los noventa para una nueva sección del periódico y a mí, que me pilló demasiado pequeño y mi personalidad musical se forjó en la década siguiente, en este milenio tan poco característico, tan falto de personalidad (a ver qué nos deparan los locos años veinte que se aproximan), me parece genial que me lo pida. Reconozco que me hubiera gustado nacer en el setentaicinco para que esa década, la última analógica, me hubiera pillado entre los quince y los veinticinco. Los nacidos ese año aún tienen para mí veinticinco años, y todas las personas que me atraen tienen esa clase de veinticinco años que yo imagino. Es casi un asunto personal lo de los noventa.

Yo que vivo en mi mundo, sin perspectiva, sin idea de nada, considero que lo mejor de esa década son los cinco discos acústicos (odio este término, por cierto) que sacó Silvio. Ese El necio con una guitarra increíblemente compleja y su voz recorriendo en un sólo fraseo la identidad de esa época, de la modernidad del siglo veinte, o las décimas y la parte instrumental de Del sueño a la poesía (o el análisis de El problema, Casiopea, Canción de Navidad, Debo), los dos sonetos del blues de Me quieren, la maravillosa Rosana, la estremecedora Al final de la segunda luna. En realidad, nunca habrá nada más moderno que esos discos, los de la trilogía sobre todo, y poca gente lo sabe. Creo que yo, solamente. Me recuerdo, ya que están ustedes tan interesados en conocerme, con cuatro o cinco años diciéndole a mi padre, en el mítico Seat Ibiza gris de motor Porsche, que en esas canciones había más de una guitarra; o el día que le dije a mi madre con seis años que quería tocar la guitarra y en mi cabeza sonaba la guitarra de Monólogo. Veinte años llevo ya tocándola. Y no envejecen. Pero ya ven mi imparcialidad, no hay quien confíe.

Así que no, no voy a hablar de esos discos, ni de mí tampoco. Pensé en hablar de Bone Machine, de Tom Waits, ese disco destructivo, denso y atormentado, que después de atacarnos con una visión más bien apocalíptica del mundo nos regala como cierre la maravillosa That feel, acompañado de Keith Richards, en la que nos dice que ese sentimiento es lo único que no nos abandonará. Una cabronada o una genialidad, como quieran verlo. Pensé también en escribir sobre Tras el último no va nadie, de los Enemigos, título que duele y que recoge muy bien los derroteros del disco, que nos lleva a dar una vuelta por las zonas bajas de la existencia, con capullos que esperan, otros que descubren la venganza o aquellos que son incapaces de comprender lo que les ha tocado en suerte. Tiene canciones inmensas como Sin hueso o incluso preciosas como Sueña (por mí), en la que Josele está acompañado sólo de su acústica, y pasajes musicales muy conseguidos. También pensé en los Cardigans de mi admirada Nina Persson, pero sus dos mejores discos, a los que no les quitaba ni una canción, como esa maravilla llamada Losing a friend, son de la década siguiente. De los otros rescataría algunas canciones como My favourite game, si le quitaran el molesto riff, o Erase and Rewind y quizá unas cuantas del primero con esa vocecilla que tenía por entonces Nina, cuya forma de cantar, por cierto, me gusta por las mismas razones por las que me gusta la voz de Silvio. O en el Rid of me de PJ Harvey, que desestimé porque estoy totalmente enganchado al maravilloso White Chalk.

Finalmente, y hablándolo con el jefe, me decido por el No Code de Pearl Jam y su famosa portada que es puro años noventa, y que este año cumple los veinte mostrándonos que los noventa no están tan lejos como lo estaban los ochenta hace diez años. Reconozco que me acerqué a Pearl Jam después de escuchar el primer disco en solitario de Eddie Vedder y que no es una banda que conozca en profundidad, pero qué quieren, si yo en este periódico soy el encargado de la literatura, los crucigramas y la política norteamericana. 

El disco como piedra angular en la trayectoria de Pearl Jam, a partir del cual comienzan a descender sus ventas y que supuso encontradas opiniones entre sus seguidores, no es algo que me interese, así que vayamos canción a canción. Comienza con Sometimes, una canción que uno acaba por considerar hasta bonita con el tiempo. "Sometimes I live", dice en un verso hablando simplemente de ser. En Hail, Hail describe la sensación de no ser digno del amor de tu pareja, de ser insuficiente o inferior, en una relación tormentosa. Le sigue Who you are, de letra existencialista y ritmos tribales, y una melodía muy pegadiza y alegre. En In my tree vuelve a pasárselo bien el batería para una letra también inmaterial. Smile es un tema doloroso de sonido atormentado. "I miss you all days", dice, entiendo que a una amistad perdida, si no estoy pensando en otra cosa. Off he goes es una de las mejores canciones del disco sobre una relación de amistad o quizá sobre el mismo Eddie Vedder viéndose por fuera como un amigo de mierda, otra vez destrozando amistades. Podría durar veinte minutos y seguir resultando agradable escucharla. Habit me suena a los Enemigos de Gas, contundente y furiosa, no sé si sobre drogas o algo así, conformismo, decisiones equivocadas. Hard Rock para Red mosquito, con una gran guitarra para los que disfrutan de este tipo de sonidos. Lukin, sobre una stalker, es un tema frenético, una descarga de un minuto. Present tense es probablemente el mejor tema del disco y el que me atrajo al disco después de una primera escucha en la que no pillé el resto de canciones. La mejor cantada, quizá cercana a los discos en solitario de Eddie, trata sobre no revolcarse en los remordimientos por los errores y seguir adelante. Geniales los cambios de intensidad. Mankind es un punk con una melodía como de grupo de jovenzuelos californianos, en el que no canta Eddie. En la siguiente tampoco canta, sino que habla, y también es de temática introspectiva. Cierra el disco Around the bend, una preciosa balada en la que canta a un bebe.

En definitiva, No Code es un buen disco, variado, con unas cuantas grandes canciones que, en realidad, tampoco he escuchado mucho. Quizá lo haga más a partir de ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario