Entra Rubén en el café en el que hemos quedado con pinta de no saber a dónde va, de estar mirando otra cosa que no soy yo; sin embargo, con movimientos quizá torpes pero sin equívocos, llega a mi mesa y nos saludamos con un abrazo (ya sabéis, los que habéis leído mis críticas, que somos amigos y que no podéis fiaros de nada de lo que os cuente sobre él).
Lleva un jersey insulso que, según me cuenta después, es la raíz de la idea de su último disco (no ese jersey en sí, sino la idea de calificar como insulsas sus canciones viene de calificar como insulsos los jerséis que se compra, perfectos para ir a trabajar, dice). Nos sentamos y él no pide nada. Sonríe un poco bobalicón, siempre le cuesta empezar, hacerse humano ante una conversación, y yo empiezo a contarle un poco mi vida, ponerle al día con los últimos sucesos, mientras sigue sonriendo, dándome un poco la razón, un poco de apoyo. Sé que Rubén tiene todo el tiempo del mundo, siempre tiene todo el tiempo del mundo, pero tampoco quiero hacerle esperar demasiado a las preguntas a las que seguro que está esperando, temeroso como es no habrá parado de darle vueltas a las posibles preguntas mientras llegaba, mientras le cuento mis cosas.
-Tengo la impresión de que has intentado colarnos un disco instrumental, Rubén, a pesar de llamarlo Canciones.
-Claro, era un juego, todo lo que sé hacer es siempre un juego. Podría perfectamente haber sido un disco de 10 canciones y media hora de duración, lo que quizá hubiera sido una buena decisión comercial, pero yo quería jugar un poco con eso. Titular las piezas instrumentales como Canción insulsa I, II y III está hecho con muy mala intención. Le quitas las letras a algunas canciones y la gente no es capaz de apreciarlas. No hay reivindicación, no hay crítica, no hay nada, es sólo un juego. Yo tampoco suelo escuchar mucha música instrumental, aunque me gusta mucho que las partes instrumentales de las canciones se alarguen.
-Le quitas el elemento que da sabor a las canciones, la voz, para hacerlas insulsas.
-Sí, sí, eso es. Y luego, en las otras, en las que tienen voz, buscar otros elementos con que hacerlas, convertirlas en insulsas, o aparentemente insulsas, ocultar el brillo de las cosas, o no hacerlo evidente, buscar el esfuerzo del oyente para que se sienta atraído por las canciones. Empezando por la voz tan grisácea que tengo, claro, un recurso sencillo que tengo que me facilita mucho ser insulso, siguiendo por la armonía o la instrumentación. Que sea la canción la que te lleve de la mano y no hacer trampas (como la música en las películas que te dicen lo que tienes que sentir en cada momento, como me dijo hace un poco una amiga).
-A pesar de eso creo que hay varias canciones pop muy bonitas. Compañera fantasma, El gris del cielo, entran a la primera escucha.
-Hasta las mejores personas cometen errores.
-Y hay elementos electrónicos, guitarras eléctricas, ritmos casi bailables, y bastante variedad entre las canciones.
-Yo soy guitarrista, yo no tengo necesidad de componer canciones, sino de tocar la guitarra. Pero componer canciones me permite tocar otras cosas con la guitarra, tocar cosas que de otro modo no tocaría. Entonces esos elementos hacen que pueda probar cosas nuevas. Lo hablaba con la misma amiga el otro día, yo no soy una persona académica, me gusta estar fuera de la academia, no sé qué es la academia. Yo no quiero sonar a escuela de escritores, como tantos escritores ahora. A estar producido en masa. Emplear elementos personales dentro de mis capacidades de invención. No hago más que repetir la palabra elementos, pero es que componer es básicamente eso: unir elementos hasta formar algo con unidad.
-A veces da la impresión como de falta de verdad en tus canciones, tanto escuchando tus canciones, como por lo que me cuentas. Construyes canciones como un arquitecto que no sabe arquitectura.
-Gracias por ese piropo final. No sé, no diría que son cosas que me salen del corazón, en las que desnude mi alma. Eso es verdad. Casi todas son más bien fruto de la casualidad. Seguir el camino abierto por una pequeña obsesión (una secuencia de acordes, unas palabras) hasta acabar dando con una canción. Como un niño jugando, obsesionado, con la caja del juguete o cualquier otra tontería que haya encontrado cerca en lugar de con el juguete.
-Bueno ahí hay alma, personalidad, diría. Se nota que te diviertes, que has grabado las canciones con esa media sonrisa tuya tan bobalicona. Quizás sería más apropiado haber dicho falta de sentimientos.
-¿No te parece que tenga sentimientos la de dos aviones?
-Sí, pero no tuyos.
-Mmm, ya, si estoy de acuerdo. No sé para qué discuto.
-Sin embargo, es un disco de amor, un poco un exorcismo para librarse de un fantasma que aparece nombrado en alguna ocasión.
-Sí, la mayoría de las canciones son de desamor más bien.
-En El gris del cielo, una de las pocas con letra tuya, has intentado contar una historia.
-Echo un poco menos ese tipo de canciones, que ya casi nadie hace, en la que se desarrolla una historia, una anécdota. Ahora son todas una colección de imágenes, de ideas, de versos sueltos, de descripción de sentimientos. Tampoco creo haberlo conseguido, ha sido solo un intento.
-Qué canción te hubiera gustado componer, a qué canción te gustaría que se pareciese algunas de tus canciones.
-Bueno, creo que está claro que este disco hay muchas canciones que son variaciones de Quien fuera. Creo que hay tres o cuatro canciones que estoy muy contento con como son. Que no querría que fuesen de otra manera. Algo que sí que no he conseguido es escribir una como De repente nada, de Josele Santiago, o Serrín. Que por más que las escucho, incluso sin llegar a entenderlas, no dejan de asombrarme, tanto musicalmente como por letra. Quiénes son los que hablan, de quién están hablando. Qué es lo que le asusta, por qué huye, por qué hay una cama, el mar. ¿Trata sobre un suicidio? ¿Una pareja con un hijo? ¿Ha entrado un bicho en la habitación? No sé nada, y no puedo dejar de mirar, de pensar la escena.
-Una última pregunta, ¿habrá gira esta vez?
-No sé nada.
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