viernes, 3 de diciembre de 2010

Transformadores




Imagino que me equivoqué al pensar que era un concurso de literatura.
Esto no gana ná:


Una justificación

Aunque estaba nublado, ignoramos las posibilidades de lluvia y decidimos, para sacar a la perra (Nana) a dar una vuelta, volver a hacer el recorrido que, durante uno o dos veranos, cuando éramos aún demasiado jóvenes, hicimos cada día que pasamos allí; lo hacíamos con dos insuficientes bicis, a veces con tres, y con mi hermana, pero esta vez sólo estaríamos él y yo, sin bicis, y la perra, que lo recorrería por primera vez.
Salimos de su casa con la perra atada. Al llegar a la carretera, le dije: coño, mira, un transformador. Ambos estudiábamos la misma carrera, en distintas ciudades, y aunque no habíamos perdido la confianza después de varios años en los que apenas nos veíamos, la universidad era uno de nuestros temas recurrentes. La verdad, le dije, a mí nunca me ha gustado la electricidad, nunca he llegado a entenderla bien, pero cuando empecé a estudiar los transformadores, a partir de ahí, que fue la primera vez que la estudié de una forma verdaderamente práctica, útil, real, pienso, empezó a gustarme. A mi me gusta tanto la realidad como la idealidad, me justifiqué, pero a la electricidad no logré apreciarla idealmente. Me dijo que él aún no había estudiado los transformadores y señaló la pared, a la que nos acercábamos, junto a la que solíamos hacerles corbatas a los escarabajos, sobre todo él, más experto, y lo recordamos. Subiendo por una cuesta vimos un tractor antiguo y unos garajes; me contó que últimamente, según le habían dicho, eran bastantes frecuentes los robos de maquinaria.
Al pasar la última casa, la de una vecina a la que siempre saludábamos, soltamos a la perra. Recordamos el camino, identificando las zonas por las que pasábamos, discutiendo las posibilidades, los olvidos.
Nos alejamos de las casas; ya todo era campo: algunas zonas sembradas, la mayoría con la tierra seca, la tierra blanca, la de los caminos de allí. Estábamos solos, rodeados de campo: ni siquiera podía verse ya ninguna casa. Aunque no fuese una gran extensión yo sentía aquello más grande que la ciudad donde vivía. Se lo dije. Hablamos de la necesidad de volver allí que teníamos. No tenía nada que ver con cambiar la ciudad por el campo, la tranquilidad. Ninguno creíamos eso.
La perra se alejó un poco y la llamó. Empezamos a hablar de trabajar en otros países, de quedarse al final allí, en vez de regresar, por alguna razón: una mujer, el lugar... Recordé la conversación que tuvimos al mediodía: le conté que yo tenía mis mejores pensamientos durante la noche, en la cama, cuando me despertaba o cuando era incapaz de quedarme dormido, que eran los más narrativos, los más elaborados, los más brillantes. Volví a pensar, lo hacía a menudo cuando pensaba en mis conversaciones, que cuando hablaba con él me salían mis comentarios más ingeniosos, mis ideas más singulares; que con la mayoría de personas mi expresión, mi pensamiento, quedaban en nada; sin embargo con él eran, incluso, envidiables, pensé. Recordé algunas de ellas, nuevamente, aquella, aún adolescentes, con uno de nuestros primos, una noche estrellada, en que empezamos a hablar de ovnis o apariciones especiales: dije: lo más jodido es que eso, si se apareciera una virgen, por ejemplo, te cambiaría por completo tu concepción del mundo: eso es lo más acojonante, diría. Recuerdo que fui capaz de expresarlo brillantemente. También recordé la tarde que pasamos en un parque, evitando el calor, la última vez que nos vimos, y en la que hablamos de muchos temas, acabando, nuevamente, en la concepción del mundo por el ser humano en relación con los nuevos descubrimientos, con los avances científicos, con lo que ahora nos podría resultar, incluso, desagradable. Recordé que con él me gustaba expresarme, no como con la mayoría de mis conocidos (exceptuando otros familiares, también).
El paseo se estaba alargando demasiado, estaba oscureciendo, y decidimos regresar, sin hacer el recorrido completo, cuando vimos la autovía. Joder, le dije, ya no voy a tener tiempo de sacar a mi perro (Uli). Le prometí que lo llevaría al Sitio. Luego me lo va tener en cuenta, es un poco rencoroso.
Junto a la autovía había un edificio que tenía un transformador propio, apoyado en una tabla en un palo de madera al que llegaban los cables de alta tensión. Se lo señalé. Le empecé a contar lo que sabía de los transformadores.
Los transformadores se emplean para variar la tensión y la intensidad de corriente, le dije. Como sabes, el transporte es mucho más barato, tiene menos pérdidas y necesita cables menos gruesos, cuando se hace a alta tensión. Sin embargo, la generación de electricidad tiene un límite, por motivos de construcción, a la hora de producir voltajes. Por eso, cuando sale del generador y se quiere transportar, se lleva a un transformador, que eleva el voltaje y reduce la intensidad de corriente (mantiene la potencia, más o menos, le dije). Luego hay que poner otro para el uso en los hogares, que hace la operación inversa. Debemos nuestra existencia, le dije, a los transformadores.
Un transformador monofásico consta de un núcleo de hierro (hecho de chapas, para evitar pérdidas por corrientes de Foucault, corrientes parásitas, a las que se les ha hecho un tratamiento llamado carlite, que mejora su aislamiento, entre otras cosas, creo) con forma de marco con columnas circulares al que se arrollan dos cables de cobre en las columnas. Los cables se arrollan un número diferente de veces, el del lado de más tensión está enrollado más veces. (En el caso de un transformador monofásico la relación entre el número de espiras de uno y otro y la de las tensiones de entrada y salida son iguales; en el caso de un trifásico es algo diferente). El que está conectado a la fuente, el primario, induce en el núcleo un flujo magnético, por la ley de Faraday, que conoces, supongo, le dije. Este flujo variable provoca una corriente en el otro cable, con las características adecuadas, fácilmente calculables. Los transformadores se estudian con un circuito eléctrico equivalente, le aclaré, lo que facilita muchos los cálculos, cuyos parámetros se sacan mediante dos ensayos bastantes sencillos, el de vacío y el de cortocircuito.
Ese de allí es un transformador trifásico, se pueden ver como salen los tres cables de alta tensión, más finos, y los de baja tensión, más gruesos. Si quisiéramos acercarnos quizá veríamos si está conectado en estrella o en triángulo, el primario o el secundario, aunque quizá no se pueda saber, le dije, sin explicar.
Mi primo asentía, sin pedir aclaraciones, sin querer ir más allá de lo que yo decía, simplificando.
Un aspecto importante es la refrigeración, que puede ser al aire o con aceite o con  los modernos askareles.
La perra tampoco decía nada. A mi perro le gusta que le hable de estas cosas, le dije.
Estábamos llegando ya a su casa: el camino de vuelta, distinto, era más corto. Decidí no entrar y bajar a la mía directamente, por si me estaban esperando. Nos veríamos mañana de nuevo.
Cable Hogue, noviembre

1 comentario:

  1. El comienzo está mal escrito: Debería:por ejemplo: "Aunque estaba nublado, ignorando las posibilidades de lluvia decidimos..." o
    "Porque estanba nublado, ignoramos las posibilidades de lluvia, y decidimos..."

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