lunes, 28 de octubre de 2024

Canciones desordenadas de Rubén Matías, de Lisboa Martínez




Quedamos a las cinco y media de la tarde en el bar de Germania, para hablar de su sexto disco, el segundo de una Trilogía que de momento llama Trilogía Mejorable, compuesta del primer volumen Canciones Insulsas (2023), de este segundo volumen Canciones Desordenadas (2024) y de un tercero que con casi total seguridad se llamará Canciones Descuidadas. Tengo títulos para hacer hasta una heptalogía con adjetivos que pondría a mis canciones, pero creo que no debería abusar de la idea, me dirá durante la entrevista.

El pasado jueves 29 de diciembre me escribió para adelantarme las canciones del nuevo disco y para, como es costumbre ya, quedar para hablar del disco, y para vernos después de demasiadas semanas intolerables sin vernos.

Antes de quedar con él escribí este texto, como una especie de crítica recogiendo las ideas iniciales que me había sugerido el disco después de algunas escuchas y como punto de partida para la conversación, sin fijar, sin ordenar las ideas. 

El disco está compuesto de doce canciones y cinco piezas instrumentales en las que, de forma similar a como hiciera en Canciones Insulsas, ensaya diferentes formas de escribir canciones desordenadas, a la vez que, de forma un tanto imprecisa, apenas insinuada, casi como broma, habla un poco del desorden en algunas canciones. Las piezas instrumentales las llama hilos, como hiciera en el disco Los alambres (2020) con los alambres (con el que también tiene en común el uso de collages para acompañar las canciones en el diseño gráfico, realizado esta vez con acierto y delicadeza por el estudio hispano-alemán Diseño Caótico S.L.), para separar diferentes tramos del disco a la vez que para unirlos, amarradas las canciones como hatillos de paja. Las canciones están identificadas como Canción Desordenada y un número (ver listado al final), aunque todas tienen un subtítulo y hay que entender esto simplemente como el juego que da unidad al disco.

En un primer vistazo todas las canciones parecen tener temática amorosa, en las que se tratan diferentes fases en una relación amorosa, sin que haya aparentemente un hilo narrativo ni parezcan protagonizadas por las mismas personas. La primera canción parece tratar sobre una primera cita un tanto filosófica, conversacional, llena de palabras que no nos enseña. Musicalmente es la canción más pop del disco: presenta una estructura melódica más convencional en comparación con otras canciones, con un elegante arreglo de guitarras eléctricas que se muestran desordenadas junto a la también desordenada batería, que aparece y desaparece y emplea diferentes ritmos, quizá incluso de forma equivocada. La segunda canción, inocentemente erótica, también de corte pop, esta vez acústico, y acompañada con un sutil piano, desordenado como el desarrollo de versos y estrofas, se muestra como un instante de elevada felicidad amorosa, que parece fundir pasado, presente y futuro en un solo instante. El segundo tramo del disco tiene las canciones con la mayor libertad, desorden quizá, en la composición de las letras. Muchos versos desmedidos, parecen más poemas de verso libre convertidos en canciones que canciones, en los que se trata la dificultad de las relaciones, la complejidad, el duelo. El siguiente tramo contiene una canción bastante medida (¿el desorden está solo en el uso del piano?), subtitulada El hilo y que quizá aparece en el centro con toda intención, otra canción de versos desordenados pero con estribillo pop sobre una conversación nocturna no sé muy bien si con buen final o mal final, una canción casi bailable en la que se listan palabras desordenadamente de forma infinita que parece insinuar una historia y una canción sin mucho sentido que suena a Nacho Vegas, un jueguecito titulado Catania que no sé si trata de algo o es simplemente una canción titulada Catania porque ha decidido que suceda en Catania (como la canción sobre el duelo, titulada Bembibre de forma bastante artificial). En el último tramo una canción que responde a la primera, subtitulada como un libro de Céline, con unas guitarras sutiles y fantasiosas, y otra sobre el fracaso más incontestable.

Tres de las piezas instrumentales son variaciones sobre el tema principal de la canción El hilo (probablemente, desde el punto de vista musical, lo más inspirado del disco). Las otras son piezas electrónicas, diría que incluso bailables. Algunas de las otras canciones también tienen toques electrónicos. Cierra el disco una preciosa versión con un auténtico violín.

Al salir del metro encuentro a Rubén esperándome con una sonrisa idiota. En el café pedimos dos cafés por no complicar mucho a la camarera y, mientras nos los bebemos, hablamos de varios asuntos personales. Al acabar los cafés cambiamos a un sitio en el que pasar cinco horas seguidas hablando de forma desordenada, sin concesiones, sin demasiadas máscaras, sin movimientos de ajedrez. Lo que publicaremos la semana que viene es un intento de ordenar esa conversación, incluyendo solo lo relativo al disco. Puede que algunas de las preguntas no hayan sido formuladas como tal, pero las respuestas son todas dichas y validadas por Rubén. 

1.Abro hilo 01:22
2.Canción desordenada nº29 02:40
3.Canción desordenada nº9 02:50
4.Hilo musical 01:17
5.Canción desordenada nº47 04:11
6.Canción desordenada nº3 04:26
7.Canción desordenada nº91 01:14
8.Canción desordenada nº14 05:50
9.Hilo musical 01:13
10.Canción desordenada nº5 05:17
11.Canción desordenada nº8 03:09
12.Canción desordenada nº11 05:14
13.Canción desordenada nº36 05:27
14.Hilo musical 01:16
15.Canción desordenada nº7 02:32
16.Canción desordenada nº28 01:30
17.Cierro hilo 01:30

No hay comentarios:

Publicar un comentario