miércoles, 2 de noviembre de 2016

Recrea

Gema se levanta de la cama y abre la ventana para asomar la cabeza. Están muy bien tus nuevas vistas, dice, se le puede medir el pulso al barrio mucho mejor que en tus otros pisos, entre otras cosas por lo bien que se oyen las conversaciones de los que pasan por aquí debajo. Y el balcón es fantástico, dice entrando al salón, deberías empezar a fumar sólo por aprovecharlo. Gema sale al balcón y saca el móvil para grabar la tienda cerrada de enfrente, que tiene las puertas llenas de graffitis, y a la transeúnte que pasa justo en ese momento por allí. Los desconocidos son mis personas favoritas, dice. Acabamos de despertarnos y el sol comienza a dar sobre la fachada del edificio, por lo que se está bien en el balcón. Gema lleva una camiseta mía, unos pantalones cortos y calcetines, exactamente como yo. Nos situamos allí y yo intento algunos comentarios situacionistas en relación a mi nuevo barrio, al anterior, al tenderete (uno de estos que son plegables) que tiene una vecina colgado una calle más para allá y que vi en una foto de instagram de una cuenta de Madrid-is-different o algo así algún día antes que en la misma calle. Gema se apoya en la barandilla y recrea con sus manos otras manos. Como lo que escribió la que todavía no es mi alumna, digo intentando no ver esas otras manos en las de Gema, que en el neoliberalismo hacemos footing para olvidar la ciudad mientras que los situacionistas pretendían reaprender la ciudad reflexionando sobre ella en cada caminata. Mis paseos por la ciudad, por los pueblos, suelen ser más bien interiores, aunque algo de realidad siempre se acaba colando, digo. Gema se fija en que le estoy mirando las manos, pero no hace mucho caso. Es lo único en que se parecen, pienso. 

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