...¿cuántos ojos hacen falta para ver el mundo?...
Yo creo, dice Gema, que lo de Luna Miguel con facebook por su libro sobre la masturbación femenina más que por mojigatería del denunciante (lo de facebook ya es otra cosa) es porque alguien ha visto una oportunidad con lo de la masturbación para satisfacer su necesidad de venganza (por envidia o lo que sea). Y esto no es más que una prueba de la estupidez y de la debilidad mental de la mayoría de rencorosos. En lugar de hacer una venganza inteligente como la de Bienvenido, Bob, el maravilloso cuento de Onetti, o la del gabinete de Perec... yo que sé, leer los poemas de Luna subrayando sus peores versos, algún error sintáctico o midiendo la mediocridad de su obra con un conocimiento profundo de la misma (según el rencoroso, yo apenas he leído algún poema suyo). Me imagino a esa persona ahora tan contenta viendo la repercusión de su sencillo acto, regodeándose con su estupidez. Probablemente se habrá masturbado ya unas cuantas veces pensando en ello, y no me extrañaría que se comprara el libro. Falta inteligencia en lo de odiar a los demás, le digo a Gema. El odio sin inteligencia es ridículo, me dice. Sonrie y dice que quizá nos pasamos un poco con nuestra veneración de la inteligencia. Somos un poco capullos a veces, dice. Algún silencio después, le digo a Gema que mi mayor capacidad de rencor o de venganza es alejarme de esas personas o librarlas de mi presencia cuando ha sido por una pelea entre ambos. Me acuerdo que a mi hermana los enfados le duraban muchísimo, mientras que yo poco después ya estaba pidiendo perdón por haberme enfadado, aunque la culpable fuera ella, aunque yo tuviera razón, era incapaz de mantener el cabreo por justo que fuera. Pienso en mi amiga, con la que, por salvarme, también estoy enfadado (sólo por salvarme, porque no tengo ninguna otra razón para enfadarme con ella); pienso en la indiferencia que mostraría yo si nos cruzáramos (porque temo cruzarme con ella un día, por cualquier calle, en esta pequeña ciudad de millones de habitantes) después de cinco meses sin saber nada de ella, o en contestaciones irónicas (está todo muy bien, Z.) o cosas así. Pero no, sería incapaz de hacer eso, sería correcto, banal y olvidable como acostumbro en estas situaciones. Gema ha puesto su cara de tedio como siempre que aprovecho cualquier oportunidad para hablar de mi amiga. Deberías empezar a preocuparte de otras cosas, me dice.
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