lunes, 1 de junio de 2015

Retiro


Acabar aparte, derrotado, hundido en un césped verde, y pensar en el mar, y ver a una pareja, la muchacha con los pies descalzos, blancas las piernas, el vestido pequeño, con una guitarra cada uno, probando acordes, con esa intimidad al descubierto que muestran las guitarras al aire libre, y recordar a la pareja que descubrí follando unos jardines más allá el otro día, cuando llega Gema, con sus vaqueros, una camiseta de tirantes que no esconde del todo el sujetador y una bolsa de papel con un par de libros dentro, bonita pareja, seguro que no tienen ni idea de música, dice, y se sienta a mi lado empujándome un poco, como una pareja también, quizá, aparentemente, juntos como las muchas parejas jóvenes que nos hemos cruzado entre caseta y caseta. Esa es Vidas Cruzadas, lo que tampoco dice mucho de ellos... si al menos fuera Palomas en la Quinta. Pero no lo hacen mal, digo. 

Habíamos estado viendo la Dama de Baza en el museo arqueológico. Me apetece verla, le dije, a Gema, con lo que me gusta a mi decir que nací en Baza, que soy bastetano, algo que siempre utilicé como si me hiciera especial, y teniéndola ahí al lado no está bien no acercarse, y luego nos podemos acercar a la feria. Fuimos casi con la intención de ver sólo la Dama, pero al final miramos todo con interés. Creo que con este recorrido se puede ver cuándo se fue la humanidad a tomar por culo, cuándo perdió la gracia, dijo en algún momento Gema mientras observaba algún objeto. La Dama de Baza estaba cerca de la mucho menos interesante Dama de Elche, y quizá había más gente alrededor de la de Baza. Tiene un pichón azul en la mano, ponía en los carteles. Un padre le explicaba algo a su hijo, con palabras informales. Otros visitantes saltaban con su interés aleatorio de una vitrina a otra. Gema iba a su ritmo leyendo o deteniéndose a observar algún objeto, sin hacerme caso. Se quedó bastante rato mirando la Dama de Baza. Tendría que haber venido con mi amiga, le dije más tarde. Si hay suerte nos la cruzamos en la feria, que seguro que es en lo que estás pensando. A partir de los romanos fuimos más rápidos, deteniéndonos algo más en lo de los egipcios, las momias, la de un cocodrilo, los vasos canopos, un par de gatunillos. La verdad es que no tengo un recuerdo demasiado claro de lo que vi de los egipcios en el Louvre, pensé. La hora de cierre, al final, no nos dejó terminar tranquilamente la última parte de la exposición. 

En la feria no está ella, de momento, y sí gente y libros y muchas conversaciones, ese es guapo, habrá que leerlo, dijo alguien, y confirmo que mi enoclofobia sigue siendo un invento y que mi mirada sigue funcionando igual que siempre. Gema sí se acercó a los libros, e incluso compró alguno o habló con los dependientes de forma amistosa, más amistosa de lo que esperaría. Yo nunca me he comprado un libro en la feria, después de ocho o nueve años viniendo, y mucho menos uno firmado, dije, sólo vengo por mi enoclofobia o por perder un tiempo las ganas de leer y así ocuparme de cosas más importantes que la lectura.  

Gema se quedó en una caseta y le dije que la esperaría en el césped. Ahora está a mi lado, otra vez, sentada, hojeando los libros que ha comprado, sin firmas, para que no te enfades conmigo, me dice. En algún momento la humanidad se ha equivocado de camino, sí, le digo. Y este sitio es perfecto para empezar a soltar frases de Guy Debord; creo haber oído unas cuentas, por cierto, incluso en nuestra contra. La pareja sigue cantando, aunque ya no hago mucho caso. Gema sonríe. 

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