viernes, 9 de septiembre de 2011

Bluestone



Cruzó el puente varias veces. Al llegar a la mitad se paraba a contemplar la luna, la estela, quizás el agua, apoyada en la barandilla. Luego continuaba. Parecía tranquila. Caminaba despacio, marcando sus pasos suavemente. La luna era amarilla. Vestía ropa ajustada. Yo la seguía desde el margen del río, sobre la acera, parado, fumando. Con la mirada. Apenas pasaban coches. No había ruido, ni gente, ni la más mínima oportunidad. La última vez se paró sólo al final, y miró al puente. Siguió andando. Hacia el centro, al lado contrario. Pensé seguirla, pero la perdí de vista en una calle transversal antes de dar el primer paso. Conocí el fracaso, el polvo, la necesidad de abrocharme el abrigo. Imaginé llegar a entenderla. Iba hacia el centro. La luna era amarilla.


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