domingo, 3 de julio de 2011

Método del alba, de Carlos Barral

Le puse música. Estoy bastante contento del resultado.

Sólo el licor profundo de la piedra
y el polvo y la humedad del mundo itinerante
que suena por partículas responden
en un rumor obscuro a las disueltas
nubecillas de aire con esdrújula.

Digo,
digo frases caudales con pausas escarpadas,
digo tu nombre en griego y de tus dedos
el color injurioso todavía invisible
y escucho mientras sigues pendiente del vacío
mirando silenciosa los bordes azulados de la esbelta agonía.

Tú estás pensando ahora en el brillo de azogue
de la playa humeante en que un perro sin dueño
o en la luz de un insecto o en la llama
nacarada sin rojo de un fósforo instantáneo
y están ya tus colores detrás de ti y envuelven
los lindes transparentes de tu cabeza inmóvil.

Compañía en la noche ya no puedes
callar porque nocturna.
                                      ¿No conoces que cambia
el ritmo a punto, experto de los dedos
pegajosos, veloces, de este reptil que somos,
y el lomo de las cosas ya se ha reblandecido?

Es como el interior redondo de una larva,
o una vejiga inmensa la bóveda del cielo
y aquello que era forma es casi un árbol
mísero y este otro es una torre
verdadera y sin miedo, ya indudable.

Será mejor parar y bajar al camino,
ahora, enseguida y antes que no seas,
y buscar esa flor que crece siempre
pálida entre la grava
- la tierna flor del día,
pobre y sencilla, que quiere ser meada.

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