Lo copié en un cuaderno, el fragmento, con una letra cojonúa (quizá con algún error), que es una pena que no vayan ustedes a ver.
Lo que a nosotros se nos dio, en contraste, como disciplinas literarias a lo largo de aquel largo, larguísimo bachillerato, no tiene ninguna justificación, al menos que yo sea capaz de imaginar. Porque no se trataba de textos literarios, que nunca vio nadie, sino por su cuenta, a sus riegos y en su casa, sino solamente de listas de títulos, resúmenes de argumentos y circunstanciadas biografías de autores, de los centenares de autores, hasta los más obscuros y mediocres de todos los tiempos, que conservan las risibles tradiciones antológicas. Y ya se ve lo que disciplinas humanísticas así concebida puede dar de sí. Cursos de historia de la literatura española o cursos de historia de literatura universal, que había varios de cada clase, si no recuerdo mal, consistían año tras año en aprender listas de nombres y títulos, retener las fechas principales, recordar el resumen del argumento y, a ser posible, el adjetivo de valor con el que el manualista calificaba las distintas obras maestras.
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