Hacía años que tenía ganas de leer a Sergio del Molino, más o menos desde que lo empecé a seguir en redes sociales y me parecía que podía ser interesante leer sus libros, sobre todo por una prosa que, por comentarios de otros, imaginaba apetecible. Al poco de empezar a seguirlo, publicó Lo que a nadie importa y situé esta novela entre mis futuras lecturas, a pesar de que era incapaz de entender el interés que tenía la frase, leída en algunas reseñas o entrevistas, que el abuelo de Sergio dirige a su mujer, a la abuela de Sergio, y que sirve como inicio del libro. "Calla, que de ti no quiero que ni me cierres los ojos". Reconozco que es una frase que suena "ciertamente brutal" y con "espléndida retórica", como dice una reseña, pero no la entiendo; de vez en cuando, por una cierta fijación por las cosas que no entiendo, igual que con las personas que me interesan, me acuerdo de ella, intento descifrar su significado, si de verdad tiene la fuerza que aparenta o no; pero en lugar de abrirme, como una rendija en una casa abandonada, como las líneas que ocultan más de lo que muestran, las ganas de leer la novela, por alguna razón, me las quita completamente. A esta falta de entendimiento hay que añadirle que tampoco logro encontrarle el interés a las cosas que cuenta del Molino en sus redes sociales, las pequeñas anécdotas, nunca logro situarlas en un punto en el que me merezca la pena leerlas, aunque durante bastante tiempo lo hiciera; o la cierta y para mi poco comprensible vehemencia con la que ataca algunos comentarios a lo que escribe (recuerdo una entrada de hace años en su blog, sobre Guardiola, en que a comentarios que yo veía banales, poco dañinos, insignificantes, respondía con exageración; y recordando el blog, que creo que no sigue activo, en una entrada tras la muerte de Krahe convirtió el Como Ulises en una habanera, si no recuerdo mal). Todavía hoy no me he animado a leer esta novela.
Más tarde publicó La España vacía y otra vez pensé en leerlo. Pero la La España Vacía conoció el éxito, la llegada a bocas como la del Gran Wyoming, y yo, que pensaba sacarla de la biblioteca, nunca acerté a encontrar un ejemplar libre cuando me acordaba de que quería leerlo.
Hasta que por fin, un día, poco después de que publicara un artículo en ctxt, le dio por bloquearme en twitter; a mí, que soy una persona insignificante. Nunca había mencionado a del Molino, ni había respondido a sus tuits, ni siquiera había hecho alguna alusión a nada que tuviera que ver con él. Pero faveé un par de tuits que no le debieron parecer bien y decidió bloquearme. Ante esta situación, casi inédita para mí (segundo bloqueo que me hacen; en el otro sí que había razones no ridículas para hacerlo), fui a la biblioteca a comprobar si ese bloqueo afectaba además al mundo físico. Para mi sorpresa, no es así. Creo que hasta podría comprar sus libros.
Al final saqué de la biblioteca su ensayo (junto con otro que recomendó Layla Martínez -a la que, por cierto, también replicó a una reseña de La España Vacía que hizo en Oculta Lit, creo que dándole la razón a Layla, a su pesar- en su cuenta de twitter, de Chris Ealham, sobre la lucha de clases en la Barcelona de inicio del siglo pasado, por compensar).
Al final saqué de la biblioteca su ensayo (junto con otro que recomendó Layla Martínez -a la que, por cierto, también replicó a una reseña de La España Vacía que hizo en Oculta Lit, creo que dándole la razón a Layla, a su pesar- en su cuenta de twitter, de Chris Ealham, sobre la lucha de clases en la Barcelona de inicio del siglo pasado, por compensar).
Según el libro, yo nací en La España semivacía (el pueblo de mi madre), pero siempre he vivido en la costa (el pueblo de mi padre); y aunque siempre he tenido un contacto habitual con el pueblo de mi madre, que es más que el pueblo al que vamos de vacaciones o el pueblo donde viven mis abuelos, de lo que llama La España vacía creo que sé poco. Nunca conoceré los pueblos de Teruel como me gustaría, nunca sé si es Huesca o Huescar el pueblo que no está cerca de Baza, la Mancha es más o menos lo que separa Madrid (donde vivo) de mi pueblo, de Ávila casi que prefiero no hablar, en Salamanca tengo algún vínculo profesional y me gustaría bastante conocer León y Astorga, pero aún no he ido. España como España me interesa más bien poco, pero sí que me gustaría conocer mejor todo esto.
El libro me ha parecido bueno, interesante. Como queja superficial, tengo que decir que desconfío de libros que usan más de dos veces las palabras sublimación y leitmotiv (a Benet le perdono el uso de la primera). Y, en fin, que esto es lo de menos, creo que no habla de la España vacía -no sé para qué le han servido tantos viajes por esa España, que apenas aprovecha en el libro-, creo que habla de la España llena, o quizá de España, pero sobre todo habla de crear una narrativa a partir de lo que ha sido la España vacía (ese tan brillante, poético y elaborado término). Lo que recorre, en lugar de la España vacía, es la narrativa de esa España vacía. Y quizá, en el fondo, a pesar de su interés real por España, lo que le interesa a del Molino, o lo que realmente muestra el libro, un poco como quien programa orientado a objetos, es simplemente el mecanismo de creación de esa narrativa. Me recuerda esto a La línea del frente, excelente novela -a pesar del nombre de la protagonista- de Aixa de la Cruz.
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