Un vez, en mi instituto, que, como recuerdas, tiene los pasillos al aire libre, como balcones con barandillas, en los que esperábamos a que llegara el profesor para abrir la puerta y meternos en clase, le cuento a Gema después de haber estado hablando del tema de la inmigración, los refugiados, la vergüenza, el estupor, que aún haya estos problemas, al ver en la televisión otra noticia más, mientras esperábamos a Teresa Barrena... me acuerdo de esto incluso: verla a ella apoyada en la barandilla cuando ocurrió; una profesora que, por cierto, adoraba mis textos, mis comentarios filosóficos, en los que imitaba un poco a Bernhard, parecidos a estos enrevesados textos en los que te invento, pero demostrando capacidad para comprender y expresarme (el último examen que hice con ella, creo que fue de veinte páginas, era uno auténtica maravilla); mientras esperábamos a que abrieran la puerta de la primera clase de ese día, iba diciendo, vimos a dos guardias civiles persiguiendo en un descampado de enfrente a un inmigrante que parecía que acababa de llegar en patera a Almuñécar. Creo que iba sin ropa o, al menos, sin camiseta. Se perseguían casi como en dibujos animados, y no sé si me lo invento pero recuerdo a los guardias un poco gordos. Estuvieron así un buen rato, dando vueltas, mientras los observábamos todos los alumnos del instituto cuyas aulas daban a ese descampado, junto con los profesores que tenían clase en ese momento. El inmigrante se dio cuenta de que lo estábamos viendo todo y se creció y empezó a correr para el público, incluso recibió alguna ovación; cuando finalmente lo atraparon, todos empezamos a aplaudir al inmigrante, que nos saludó levantando ambos brazos. Entramos a clase como con quince minutos de retraso.
Gema me escucha, con las piernas sobre la maleta que aún no hemos tenido ganas de deshacer. Estamos sentados en el sofá, uno al lado del otro, y el telediario empieza a dar los deportes. Quizá soy bastante ingenuo y lo de la geopolítica y el entendimiento del mundo me quedan muy grandes, digo ignorando las interesantes explicaciones del presentador de deportes, pero nunca he creído en eso de que unas misteriosas minorías o élites dirijan el mundo o algo así, nos controlen, creo más bien que intentan hacerlo y fracasan continuamente. Aunque no sé si hay alguien que realmente crea que dirige algo, y lo único que hacen es aprovecharse. Lo de Bretton Wood y los treinta gloriosos, por decir algo, Keynes y el otro, parece algo así, no sé, digo, entrecortado, quizá desvariando ya, pensando en las soluciones que dice Gema, en lo que deberían hacer los países.
Gema se levanta y dice que deberíamos empezar a hacer algo, poner el piso medio en condiciones, cenar, pensar que estamos en septiembre, el mes en el que todavía empieza el año, dice con su voz más infantil. Tiene los mismos ojos verdes de esta mañana y el pelo un poco despeinado.
Gema me escucha, con las piernas sobre la maleta que aún no hemos tenido ganas de deshacer. Estamos sentados en el sofá, uno al lado del otro, y el telediario empieza a dar los deportes. Quizá soy bastante ingenuo y lo de la geopolítica y el entendimiento del mundo me quedan muy grandes, digo ignorando las interesantes explicaciones del presentador de deportes, pero nunca he creído en eso de que unas misteriosas minorías o élites dirijan el mundo o algo así, nos controlen, creo más bien que intentan hacerlo y fracasan continuamente. Aunque no sé si hay alguien que realmente crea que dirige algo, y lo único que hacen es aprovecharse. Lo de Bretton Wood y los treinta gloriosos, por decir algo, Keynes y el otro, parece algo así, no sé, digo, entrecortado, quizá desvariando ya, pensando en las soluciones que dice Gema, en lo que deberían hacer los países.
Gema se levanta y dice que deberíamos empezar a hacer algo, poner el piso medio en condiciones, cenar, pensar que estamos en septiembre, el mes en el que todavía empieza el año, dice con su voz más infantil. Tiene los mismos ojos verdes de esta mañana y el pelo un poco despeinado.
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