...el parque del Retiro una tarde de Mayo, una guitarra, un amigo y una cámara de fotos: acompañando a un negro que pasaba por allí con la guitarra, a su voz: improvisación, espontaneidad: risas y una foto fuera de poses, hipocresía, o futuro: presente, la foto, se detuvo el tiempo, ese presente sin más pretensiones que ser: se paró el reloj: cortó un presente que continuaba ajeno a ese juego del tiempo y las ondas... No sé si exagero... No importa... Carece de importancia...
Mi primer compañero de piso, aquí en Madrid, del primer año que estuve en Madrid, el de la guitarra. Guardé esa foto junto a ese texto, algo juvenil y con muchas ganas de vivir, el texto, en mi correo. La foto es muy buena, de un amigo suyo. No recuerdo si me contó algo de él: si se dedicaba a la fotografía o qué sé yo... (quizá lo tengo apuntado en algún sitio, pero no voy a comprobarlo). El negro apareció por allí y se sentó con ellos y cantaron. Con él, el de la guitarra, pasé bastantes horas tocando la guitarra, en el piso. Quizás las mejores improvisaciones que he hecho nunca. Con el que aprendí a improvisar de verdad. No era muy buen guitarrista, pero tenía mejor intuición musical que yo (que tengo muy buena técnica con la guitarra pero musicalmente soy bastante mediocre) y me resultaba muy fácil tocar con él. Se puede decir que tenemos unas cuantas canciones propias (de las cinco grabaciones que guardo, tres son de acordes suyos y las otras versiones): una sobre todo nos quedó muy bien: la grabamos casi sin haberla tocado antes, incluso una de la secuencias de acordes fue totalmente improvisada.
El caso es que escuchando a Zahara estos días me he acordado de un mensaje que ella le envió a mi compañero como respuesta a un mensaje de él y que él me reenvió a mi correo (el de Zahara). Una respuesta interesante la de Zahara, a la que conoció por unas canciones suyas que yo tenía en mi mp3 (de su disco Día 913).
Al buscar el correo también encontré la foto.
Mi primer compañero de piso, aquí en Madrid, del primer año que estuve en Madrid, el de la guitarra. Guardé esa foto junto a ese texto, algo juvenil y con muchas ganas de vivir, el texto, en mi correo. La foto es muy buena, de un amigo suyo. No recuerdo si me contó algo de él: si se dedicaba a la fotografía o qué sé yo... (quizá lo tengo apuntado en algún sitio, pero no voy a comprobarlo). El negro apareció por allí y se sentó con ellos y cantaron. Con él, el de la guitarra, pasé bastantes horas tocando la guitarra, en el piso. Quizás las mejores improvisaciones que he hecho nunca. Con el que aprendí a improvisar de verdad. No era muy buen guitarrista, pero tenía mejor intuición musical que yo (que tengo muy buena técnica con la guitarra pero musicalmente soy bastante mediocre) y me resultaba muy fácil tocar con él. Se puede decir que tenemos unas cuantas canciones propias (de las cinco grabaciones que guardo, tres son de acordes suyos y las otras versiones): una sobre todo nos quedó muy bien: la grabamos casi sin haberla tocado antes, incluso una de la secuencias de acordes fue totalmente improvisada.
El caso es que escuchando a Zahara estos días me he acordado de un mensaje que ella le envió a mi compañero como respuesta a un mensaje de él y que él me reenvió a mi correo (el de Zahara). Una respuesta interesante la de Zahara, a la que conoció por unas canciones suyas que yo tenía en mi mp3 (de su disco Día 913).
Al buscar el correo también encontré la foto.

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